Mateo Álvarez: «La experiencia cuenta, los trabajadores sénior tenemos mucho que aportar»

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En muchas ocasiones la población mayor de 50 años en desempleo encuentra barreras para acceder a un puesto de trabajo y reengancharse al mercado laboral. Si bien la preocupación por su inclusión laboral va en aumento, con un desarrollo cada vez mayor de las políticas de talento sénior y un compromiso creciente por parte de las empresas y Administraciones Públicas, siguen persistiendo prejuicios y estereotipos que son difíciles de combatir, y que relegan a las personas mayores de 50 años al desempleo de larga duración. Para evitar esta situación resulta fundamental apelar a la acción coordinada entre todos los agentes sociales para visibilizar y poner en valor las competencias habitualmente presentes entre los profesionales sénior: resiliencia, empatía, pensamiento crítico, capacidad de planificación, etc.

Además, en algunos casos la edad va ligada a otros condicionantes como el desempleo de larga duración o la falta de homologación de títulos cursados en otros países. Esta es la historia de Mateo Álvarez, de 61 años, y su consultor de Fundación Adecco, Pedro. «Desde que conocí la historia de Mateo, sentí la necesidad de acompañarle en su proceso. Como ocurre con tantas personas que llegan a Fundación Adecco, detrás de cada perfil hay una circunstancia vital que merece ser escuchada y atendida. En su caso, la experiencia técnica era evidente, pero también lo era la necesidad de recuperar confianza y reenfocar su trayectoria», reflexiona Pedro Cejudo, consultor de Integración de la Fundación Adecco en Andalucía. Y añade: «Más allá del sesgo que pueda existir respecto a los trabajadores sénior, hay un reto estructural que tiene que ver con el ritmo del mercado laboral actual. Hoy, mantenerse activo profesionalmente implica estar en constante reciclaje, y eso requiere tiempo, recursos y acompañamiento».

Mateo, cuéntanos tu historia. En Cuba te formaste como ingeniero industrial, ¿siempre fue tu vocación?
La mecánica siempre lo ha sido todo en mi vida. En Cuba trabajé como ingeniero mecánico y era feliz. Me formé como ingeniero mientras trabajaba como mecánico, una pasión que me llevó a estudiar la carrera.

¿Pudiste desarrollar allí tu profesión? ¿Qué era lo que más te gustaba de ella?
Sí, pude ejercer. Lo que más me gustaba era la elaboración de piezas, todo el engranaje… Realmente me apasionaba reparar motores; estudiaba y trabajaba en una empresa de autobuses como mecánico.

¿Cuándo llegaste a España? ¿Cómo fueron los primeros años aquí? ¿Qué fue lo más difícil?
Llegué en 2002. Al principio todo marchó bien: comencé trabajando en una empresa dedicada a la depuración de aguas industriales, desempeñando funciones propias de un ingeniero de montaje. Recuerdo especialmente una fábrica de aceite en Málaga, donde propuse instalar un depósito en altura para aprovechar la gravedad y evitar que una máquina se atascara.

Lo más complicado vino después, cuando perdí la estabilidad laboral. Ese cambio marcó un antes y un después; me vi en situación de exclusión.

¿Qué ocurrió exactamente?
Perdí la estabilidad laboral cuando llegué a España con la ilusión de ejercer como ingeniero industrial, pero la falta de documentación me cerró todas las puertas. Empecé a trabajar en empleos temporales y, aunque al principio conseguí trabajar en lo mío, poco a poco surgieron complicaciones: la dificultad para homologar mi formación reglada, un accidente que sufrí y el tiempo que tardé en renovar la documentación. Todo esto me fue limitando para desempeñar trabajos acordes a mi experiencia y superar procesos de selección, hasta llegar a una situación muy complicada.

¿Estuviste mucho tiempo en desempleo?
No recuerdo la duración exacta porque en varias ocasiones tuve que aceptar trabajos muy precarios para poder salir adelante. Todo esto hizo que la transición hacia un empleo estable fuera mucho más larga y complicada.

¿Cómo afectó ese periodo a tu vida personal y emocional?
Ese periodo afectó profundamente mi vida personal y emocional. Pasé de tener una estabilidad —con mi casa, mi coche y la tranquilidad de estar cerca de mi familia— a sentir que todo se tambaleaba. Perdí la seguridad que me daba mi trabajo y eso me hizo volver a sentirme vulnerable, como si todo lo que había construido pudiera desaparecer. La incertidumbre sobre el futuro, la frustración por no poder ejercer en lo que había hecho toda mi vida y la necesidad de aceptar trabajos precarios para salir adelante generaron ansiedad y tristeza.

Llegué a vivir en mi coche, sin un lugar donde dormir, pagando un gimnasio para poder asearme y mantener algo de dignidad. A pesar de todo, intenté mantenerme activo y no perder la esperanza, porque sabía que rendirme no era una opción. Fue un golpe muy duro, no solo por lo económico, sino por la sensación de perder mi identidad profesional y la estabilidad personal que tanto valoraba.

¿Qué fue lo más duro de estar en desempleo: lo económico, lo emocional, lo social…?
Todo fue difícil, pero lo más duro fue la exclusión social y la sensación de no tener un lugar en el mundo. Lo económico también pesaba mucho, porque cada euro contaba para sobrevivir. Y en lo emocional, la soledad y la incertidumbre de qué pasará al día siguiente.

¿Cómo conociste la Fundación Adecco?
Conocía Adecco, pero un conocido fue quien me habló de la Fundación Adecco. Desde entonces, Pedro, mi consultor, ha estado muy pendiente de mí: de cómo me sentía, de mi situación laboral, y de cada paso que daba. Por eso, con cariño, le llamo “San Pedro”. Gracias a él conocí una oportunidad laboral en Huesca.

Además, he tenido otra experiencia profesional a través de la Fundación, que me ha permitido adquirir aprendizajes muy valiosos: cómo elaborar un buen currículum, cómo afrontar una entrevista de trabajo y cómo manejar mejor los portales de empleo. En conjunto, he mejorado mucho en mi forma de buscar trabajo.

¿En qué trabajas actualmente? ¿Cómo ha sido el proceso hasta llegar a tu puesto actual?
De momento, estoy trabajando en una empresa como oficial de segunda como montador industrial. Ha sido un proceso de adaptación, pero estoy contento de poder seguir aportando mi experiencia en el ámbito técnico.

Y en relación a tu edad, ¿alguna vez has sentido discriminación?
En mi experiencia, no me he visto perjudicado por la edad. De hecho, en la empresa actual hay más personas mayores que jóvenes.

En general, ¿cómo valoras el mercado laboral español para las personas sénior?
Entiendo la preocupación de muchas personas a la hora de buscar empleo, especialmente cuando se trata de perfiles sénior. Pero en mi caso, o en mi experiencia, no he sentido esa exclusión. Nunca me he visto perjudicado por la edad, así que animo a empresas y personas en búsqueda de empleo a unir sus caminos. ¡Nunca es tarde!

Por último, ¿qué aconsejarías a una persona sénior y/o en riesgo de exclusión que esté buscando empleo?
Les dirían que busquen asesoramiento y orientación laboral. Cuando una persona recibe apoyo real, humano y profesional, es posible reconstruir no solo su trayectoria laboral, sino también su autoestima y su proyecto de vida. En mi caso, la Fundación Adecco no solo me acompañó en la búsqueda de empleo, sino que te hace sentir que no estás solo, que tu experiencia cuenta y que aún tienes mucho que aportar. Para alguien sénior, esto puede marcar la diferencia entre rendirse o volver a creer en sus posibilidades.

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