"No olvidemos a los hogares con todos sus miembros en paro" - Azimut
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“No olvidemos a los hogares con todos sus miembros en paro”

“No olvidemos a los hogares con todos sus miembros en paro”

Parece que la recuperación económica ha venido para quedarse y los datos de la EPA así lo avalan: 2017 ha concluido con la menor tasa de paro desde 2008 (16,5%) y creó, nada más y nada menos, que medio millón de nuevos empleos. Una realidad que ya se dejó adivinar tras la última campaña de Navidad, saldada con el récord de más de un millón de contratos. Me uno a la celebración de estas positivas cifras, pues reflejan que -por fin- hemos dejado atrás los sufridos años de la crisis.

Sin embargo, no podemos dejar que esta cara de la moneda eclipse otra verdad invisibilizada, la de muchas personas y familias que aún viven aquejadas por el desempleo y la exclusión social. Hoy me pongo en su piel, imaginando cómo deben sentirse ante grandilocuentes titulares y noticias que exhiben centros comerciales y restaurantes llenos de vida. Hoy me acuerdo de los cientos de personas que, diariamente, acuden a las oficinas de la Fundación Adecco, buscando una oportunidad profesional para sacar adelante a sus hijos. Hoy mi mente está con los más de 800.000 mayores de 45 años desempleados de larga duración y con las cerca de 150.000 personas con discapacidad que se dejan la piel por demostrar que merecen su sitio en el mercado laboral. Tampoco me olvido de los 1,2 millones de hogares con todos sus miembros en paro ni, en general, de todos aquellos que hacen malabarismos para llegar a fin de mes con sus necesidades cubiertas. Sin ánimo de que esta enumeración se torne interminable, imposible no aludir a las mujeres desempleadas que sufren o han sufrido violencia de género: en su caso el trabajo es crítico para erradicar esta lacra personal y social.

“La riqueza sigue midiéndose en variables macroeconómicas y no en términos de bienestar social “

Y si bien no podemos negar que el paro desciende y que el PIB va como un tiro, no es menos verídico que las desigualdades territoriales se han acentuado con respecto a antes de la crisis, realidad que permanece más oculta, al medirse la riqueza en variables macroeconómicas y no en términos de bienestar social.

No quisiera que mis palabras suenen apocalípticas ni transmitan desesperanza, sino más bien llamada a la acción. Empresas, poderes públicos y sociedad en general debemos celebrar las buenas nuevas de la EPA, sí, pero sin dejarnos obnubilar ni perder de vista la parte más vulnerable de nuestro mundo, la que exige nuestra ayuda inmediata y cuyo apoyo no es sólo cuestión de justicia social, sino un reto que nos humaniza y nos cohesiona como sociedad.

No encuentro un objetivo más motivador e inspirador para seguir trabajando con rotundidad, bajo la esperanza de que un mundo más justo es posible y el convencimiento de que podemos extender la recuperación económica a todas y cada una de las personas de nuestro entorno. Porque la prosperidad no ha de construirse bajo el prisma de la “generalidad”, sino que ha de llegar a todos los rincones, si queremos denominarnos una sociedad madura y a la altura de las circunstancias.

 

 

Irene Gil
irenegilromero@gmail.com

Periodista. 9 años dedicada a la Comunicación corporativa, profundizando en la situación social y laboral de las personas que lo tienen más difícil.

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