Sesgos inconscientes ¿Qué son? | Fundación Adecco
18384
post-template-default,single,single-post,postid-18384,single-format-standard,cookies-not-set,ajax_fade,page_not_loaded,,qode-theme-ver-10.0,wpb-js-composer js-comp-ver-4.12.1,vc_responsive

Sesgos inconscientes. ¿Qué son?

Ana Múgica, Consultora del programa Plan Familia de la Fundación Adecco

Sesgos inconscientes. ¿Qué son?

Ana Múgica, Consultora del programa Plan Familia de la Fundación Adecco

Seguro que esta mañana os habéis despertado sin la predisposición de discriminar a alguien. Os voy a hacer un spoiler de vuestra vida: hoy vais a discriminar a una o varias personas. Por supuesto no lo haréis de manera consciente. Entonces, ¿por qué cuándo estamos en una reunión de trabajo o manteniendo cualquier conversación, somos capaces de cortar al becario mientras expone su opinión sin despeinarnos? A lo largo de nuestro día formamos parte de distintas micro-discriminaciones que tienen su origen en los sesgos inconscientes. Pero, ¿qué son los sesgos inconscientes y por qué es necesario que sepamos de su existencia?

Los sesgos inconscientes son suposiciones, creencias o actitudes adquiridas. Se crean de manera automática para nuestra propia supervivencia. Por ejemplo, si vas en búsqueda de un restaurante para comer, y en la misma calle ves una terraza con las mesas ocupadas y al lado otra terraza vacía, ¿a cuál te dirigirías? Quizás en la segunda terraza acaba de irse un gran grupo de estudiantes. Pero, ¿a qué sin pensarlo irías a la terraza ocupada? Segundo spoiler: Nuestro cerebro no busca la verdad, busca sobrevivir. Bueno, en este caso, ¡busca comer bien!

Nuestro cerebro busca sobrevivir a los 11 millones de bits de información que recibe por segundo, y de los que sólo es capaz de procesar 40. Ante tal cantidad de millones de bits de información que no es capaz de procesar, nuestro cerebro nos provee de atajos mentales para poder tomar decisiones de manera rápida y eficaz. ¿Y de dónde salen todos estos atajos y procesos mentales? De nuestra mochila. Una mochila en la que a lo largo de nuestro vida vamos metiendo la cultura en la que nos desarrollamos, los valores familiares con los que crecemos y, sobre todo, las experiencias que vivimos y cómo estas nos hacen sentir.

Y es ahora, cuando hablamos de procesos mentales, el momento de introducir lo que durante décadas se dedicó a investigar el premio Nobel de Economía, el psicólogo Daniel Kahneman, y que plasmó en su archiconocido libro Pensar rápido, pensar despacio. Nuestro mecanismo de pensamiento se divide en dos sistemas: un sistema lento, que debe concentrarse y que analiza los problemas dando una respuesta racional; y un sistema rápido e instintivo que decide con poco o ningún esfuerzo mediante patrones de respuesta aprendidos a lo largo de nuestra vida de acuerdo a nuestros valores, nuestra cultura y nuestra experiencia previa. Esto es, el que toma las decisiones que concuerdan mejor con nuestra propia realidad.

El sistema rápido es el responsable de que detectes hostilidad en la voz de una persona, y el sistema lento es el que contaría las veces que se repite la letra a en este párrafo.

Si nos preguntan cuál es el sistema que rige nuestras decisiones queremos identificarnos con el sistema lento, lógico y racional. Tercer spoiler: No somos conscientes de lo inconscientes que somos. Las ideas formadas en nuestro inconsciente, en ese sistema rápido, automático e instintivo son las que protagonizan la mayoría de nuestras decisiones. El sistema lento se encuentra normalmente en un confortable modo de mínimo esfuerzo. Si quieres demostrarme lo contrario, por favor, multiplica ahora 17×24 sin utilizar un lápiz, un papel o una calculadora.

¿Por qué pensamos que somos racionales? Porque tenemos un cerebro terriblemente ególatra por el cual tendemos a pensar que el mundo es tal y como lo vemos. Cuarto y definitivo spoiler: el mundo lo vemos tal y como somos.

La mayoría de las veces el engranaje que forman ambos sistemas de pensamiento funciona perfectamente, como introducíamos en este artículo son necesarios para nuestra supervivencia; pero hay situaciones en las que se producen fallos. Por eso, la mejor definición de sesgos inconscientes sería la de errores que provocan impresiones e intuiciones erróneas que pueden marcar posibles comportamientos discriminatorios. Por ejemplo, a todos nos ha pasado que conocemos a una persona del mismo pueblo o ciudad que nosotros y, automáticamente, nos produce un efecto de familiaridad que impacta de manera positiva en nuestra impresión hacia él o ella. Independientemente de que después descubramos que es el mismísimo Darth Vader.

Cómo trabajar los sesgos inconscientes

No nos alarmemos. Los sesgos inconscientes se pueden trabajar. Pero, ¿por qué es necesario trabajarlos? Porque los sesgos inconscientes se constituyen como enemigos de la diversidad, equidad e inclusiónTenemos que ser conscientes de su existencia y comprenderlos para poder cambiar la forma en la que pensamos y reducir las situaciones de desigualdad y exclusión social. Determinar cuáles son útiles, cuáles nos ayudan y cuáles impactan de manera negativa en otras personas.

Investigaciones demuestran que tendemos a opinar igual en un grupo como nosotros; y nos sentimos más libres de opinar en un grupo distinto al nuestro. ¡Favoreciendo equipos diversos generaremos ideas más enriquecedoras!

infografia sesgos inconscientes

Paloma Herranz
paloma.herranz@adecco.com

Consultora de Comunicación en la Fundación Adecco.

No Comments

Post A Comment