Recomendaciones para tratar con normalidad la discapacidad en el trabajo
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Diez recomendaciones para tratar con normalidad a las personas con discapacidad en entornos laborales

Discapacidad en entornos laborales

Diez recomendaciones para tratar con normalidad a las personas con discapacidad en entornos laborales

Son numerosos los obstáculos a los que debe hacer frente una persona con discapacidad en su día a día. La indiferencia, los prejuicios, la sobreprotección o la discriminación son algunos de ellos. Otro obstáculo, no menos importante que los anteriores, es el desconocimiento existente en el trato hacia personas con discapacidad. Este desconocimiento es fuente de actitudes que acaban por dificultar la inclusión social y laboral de estas personas. Para minimizar estos temores  e inseguridades, especialmente en entornos laborales, desde la Fundación Adecco os proporcionamos diez sencillos consejos. ¡Toma nota!

1. Cuidar el lenguaje: pues configura el pensamiento. En el entorno laboral hay muchas personas en las que podemos influir, por lo que es fundamental ser cuidadosos y evitar palabras como “discapacitados” o “minusválidos”. Ni que decir tiene que términos como “disminuidos” o “subnormales” han caído en el desuso y no identifican la realidad de una persona con discapacidad.  Del mismo modo, un detalle que nos puede pasar desapercibido, pero que es básico, es la utilización de la palabra “normal” cuando nos referimos a personas sin discapacidad.  ¿Quién decide cuando alguien es normal o anormal? No debemos olvidar que las personas con discapacidad SON personas y TIENEN discapacidad. La discapacidad nos les identifica.

2. No hablar de forma excesivamente pausada y alta: salvo que una persona con discapacidad nos indique que tiene problemas auditivos, debemos emplear un tono y ritmo de habla normal.

3. Preguntar las dudas que puedan surgir en torno a una discapacidad: debemos actuar con naturalidad y es mejor preguntarle las dudas que nos puedan surgir, en cuanto a la discapacidad, a evitar acercarnos a ella por no molestar, pues podría parecer rechazo. Sin embargo, es importante no centrar todas las conversaciones en torno a la discapacidad. Las personas con discapacidad también tienen aficiones, opiniones y toda una vida.

4. No dar por hecho que necesitan ayuda constante: es habitual y partiendo de la buena intención, la tendencia a la sobreprotección. Una realidad que se hace especialmente patente en los entornos de trabajo, donde las personas desempeñamos tareas y asumimos responsabilidades. En muchas ocasiones, damos por hecho que los trabajadores con discapacidad no van a ser capaces de desempeñar las mismas o van a encontrar dificultades añadidas. No está mal preguntar si necesita algún tipo de apoyo o mostrarnos disponibles y abiertos, cuando la persona se incorpora inicialmente. Pero es un error ofrecer constantemente nuestra ayuda, pues podría parecer que estamos subestimando a la persona y cayendo en la conmiseración.

5. Facilitar su relación con los compañeros de trabajo: para ello es fundamental presentar a la persona con discapacidad a todos los compañeros el primer día de trabajo y no excluirle de planes de ocio que puedan surgir como parte o fuera del horario laboral por pensar que no van a poder participar de ellos.

6. ¿Una discapacidad física implica una discapacidad intelectual? En absoluto. Igualmente, una discapacidad intelectual no siempre trae consigo una discapacidad física. En el caso de tener un compañero de trabajo con discapacidad es importante conocer en qué consisten los diferentes tipos de discapacidad y caer en generalizaciones o estereotipos, que etiquetan a las personas de manera errónea.

7. La empatía, un valor fundamental para tratar correctamente a personas con discapacidad: Una de las claves para tratar correctamente a una persona con discapacidad es ponernos en su lugar, respetar sus diferencias y reflexionar acerca del modo que nos gustaría que nos trataran si estuviéramos en su situación.

8. No tocar los elementos de apoyo de una persona con discapacidad física: algunos de estos apoyos (sillas de ruedas, muletas, etc.) pueden llegar a ser extensiones del cuerpo de una persona con discapacidad física. Tocarlos puede resultar peligroso o invasivo.

9. Trata a las personas con discapacidad intelectual acuerdo a su edad: para ello hay que dejar que hagan y traten de hacer solas todo aquellos que  sea posible. En este caso también es importante evitar un lenguaje complejo, es preferible emplear frases directas y sin rodeos.

10. No sacar conclusiones de experiencias aisladas: una mala experiencia con una persona no significa que todas las personas sean iguales. En la vida nos encontramos personas con las que podemos congeniar mejor o peor. Con las personas con discapacidad ocurre lo mismo. Como todo el mundo, tienen sus sentimientos, emociones, sueños, virtudes y defectos.

Irene Gil
irenegilromero@gmail.com

Periodista. 9 años dedicada a la Comunicación corporativa, profundizando en la situación social y laboral de las personas que lo tienen más difícil.

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