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Errores frecuentes en las entrevistas de trabajo

7 errores frecuentes en las entrevistas de trabajo (basado en hechos reales)

Estás buscando trabajo y de repente ves una oferta en la que encajas a la perfección. Cumples con la formación y experiencia requeridas y te encajan las condiciones. Así que no lo dudas y te inscribes… A los pocos días te llaman por teléfono: ¡quieren verte en entrevista! Acudes con ilusión, bien vestido y puntual. La entrevista transcurre bien y sales relativamente satisfecho. Sin embargo, pasan los días y no te llaman. De hecho, ya han pasado dos meses y no has vuelto a saber nada de la empresa. ¿Qué ha podido pasar? ¿han encontrado a alguien que encaja mejor? ¿se han olvidado de ti?  Desde la Fundación Adecco queremos compartir contigo algunas razones, basadas en hechos reales, por las que los candidatos no resultan elegidos en las decisiones finales de los procesos de selección:

1.- No conoces (ni transmites) tu propuesta de valor.

Vivimos en la era de la especialización. Si tu perfil es de administrativo, seguramente seas una persona organizada, responsable y con dotes de atención al cliente. Pero esto no es nuevo. ¿En qué eres mejor competencialmente? ¿en qué te diferencias de los demás? Las competencias estándar se presuponen, pero tú eres un profesional único. Busca aquellas cualidades que te hacen diferenciarte de los demás, identifica logros en tu carrera profesional y construye una propuesta de valor que convenza a la empresa de que eres el mejor candidato, no solo para cubrir sus necesidades, sino también para ir más allá y aportar un plus de valor a la organización.

2.- Acudes a la entrevista desinformado.

Ya no sirve con cumplir con el perfil de la oferta, también es necesario conectar con el entrevistador y demostrar que te interesa de verdad el trabajo. Informarte sobre la empresa es imprescindible para hacerlo. Veámoslo con un ejemplo. Imagina que conoces a dos personas y vuelves a verlas tiempo después. Una de ellas te pregunta acerca de todo lo que hablasteis en el primer encuentro, mientras que la otra parece no acordarse de nada. ¿Quién te daría mejor impresión? ¿a quién elegirías como amiga? Seguramente a la primera. Lo mismo sucede con las empresas. El entrevistador necesita percibir que estás realmente interesado en incorporarte a la organización y busca perfiles que encajen con los valores de la compañía. Por eso, es muy posible que te pregunte por qué quieres optar al puesto ofertado. Si en tu respuesta ofreces detalles sobre cuestiones que te gustan de la empresa, noticias o artículos que has leído, tendrás gran parte del camino hecho. En los tiempos que corren resulta muy sencillo hacer esta labor de la investigación: antes de la entrevista, visita la web de la empresa, empápate de su misión, visión y valores y busca nexos en común con ellos.

3.- Haces demasiadas preguntas (o ninguna).

El conductor de la entrevista es el reclutador y en principio debes dejar que sea él quien guíe el diálogo, sin interrumpir.  Pero en algunos casos, el candidato invade al entrevistador con preguntas a las que no es realmente urgente dar respuesta: «¿hay subidas salariales todos los años?» «¿las vacaciones siempre se cogen en agosto?» «¿qué beneficios sociales tenéis?» Es lógico tener estas dudas pero quizás la primera entrevista de trabajo no sea el momento idóneo para plantearlas. Esto no quiere decir, sin embargo, que no puedas preguntar nada. Porque también encontramos, en el lado contrario, candidatos que tienen miedo a preguntar cualquier cosa (y eso tampoco es). Si tienes alguna duda, puedes plantearla con tranquilidad al final de la entrevista. Por ejemplo, tienes todo el derecho a preguntar por el salario del puesto si no lo conoces, pero quizás no es la ocasión de plantear una subida salarial cuando ni siquiera te has incorporado a la organización. En el término medio está la virtud.

4.- Transmites desesperación.

Tras mucho tiempo en desempleo, es lógico sentir cierta ansiedad por conseguir una oportunidad laboral. Pero esto no quiere decir que debas pedir  empleo como limosna. En los últimos años, nos hemos encontrado casos de personas que acuden a las entrevistas «rogando» por el puesto, incluso compartiendo detalles íntimos de su vida. «Me cuesta llegar a fin de mes», «por favor, necesito el trabajo», son algunos ejemplos de frases reales escuchadas en las entrevistas. Recuerda que la entrevista de trabajo es un encuentro profesional y que no debes poner en un compromiso  a la persona que tienes delante. Existen soluciones alternativas o frases menos comprometedoras/invasivas que, construidas en positivo, sí pueden ser una buena opción. Por ejemplo: «llevo mucho tiempo en desempleo, pero durante este tiempo me he dado cuenta de lo que realmente quiero y esta empresa cumple con todas mis expectativas.  Me motiva muchísimo el puesto y mi compromiso está garantizado».

5.- Hablas mal de tu antigua empresa o compañeros.

Aunque creas que está completamente justificado, criticar a tu empresa anterior te perjudicará siempre en la entrevista de trabajo. El entrevistador puede pensar que eres una persona conflictiva o que harías lo mismo con ellos, llegado el momento. Por eso, si hablas de experiencias profesionales pasadas o actuales, que sea siempre en positivo. Quédate con lo que has aprendido y lo bueno que te han aportado a nivel personal y profesional.

6.- Te tomas demasiada confianza con entrevistadores más jóvenes.

A medida que vas cumpliendo años, es lógico que cada vez  te encuentres con profesionales más jóvenes que tú. Pero la juventud no está reñida con la profesionalidad ni con la madurez. Por eso la educación y respeto deben ser los mismos, independientemente de la edad del reclutador. Hace no mucho tiempo, una consultora de selección de la Fundación Adecco compartía en una jornada un caso real: Antonio, de 50 años, se presentaba a una oferta para trabajar como abogado. Su entrevistador no superaría los 25 y al poco de empezar la conversación, Antonio se tomó la libertad de comentar: «antes de que tu nacieras yo ya estaba ganando juicios». Un comentario que quizás  trataba de ser simpático, pero que tiene muchos visos de ser interpretado como «sentimiento de superioridad» o prepotencia.

7. Tu discurso es bueno, pero no cuidas tu lenguaje corporal. 

Lo que dices con gestos es casi tan importante como tu narrativa. Por eso hay que trabajar también el lenguaje corporal. Mirar al suelo mientras respondes, morderte las uñas o mover demasiado las piernas no son buenas ideas, ya que transmitirás nerviosismo y poca capacidad de control emocional. Procura sentarte erguido pero de forma relajada y recuerda que el entrevistador es ante todo una persona. Háblale con tranquilidad y mírale a los ojos. La calma siempre jugará a tu favor.

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Si estás buscando trabajo y tienes discapacidad, más de 45 años, eres mujer con responsabilidades familiares no compartidas y/o víctima de la violencia de género o tienes certificado de persona en riesgo de exclusión… ¡no te olvides de visitar el portal de empleo de la Fundación Adecco!

Irene Gil Romero
irenegilromero@gmail.com

Periodista. Más de 10 años dedicada a la Comunicación corporativa, profundizando en la situación social y laboral de las personas que lo tienen más difícil.