Abbas Termos, auxiliar de aministración

“El accidente y mi discapacidad me salvaron la vida”

Por Irene Gil Romero

“A este paso, vas a acabar matándote. Tienes que poner orden a tu vida, estudiar y labrarte un porvenir”. Estas palabras, pronunciadas por su hermano mayor, resonaron en el interior de Abbas, como un eco infinito, justo después de tener el accidente.

Su cuerpo yacía bajo el agua, tumbado boca abajo, tras una fatídica caída cuando “se picaba” con sus amigos en un río libanés, su país natal. “A ver quién salta desde más alto y no toca el suelo”. Abbas y sus camaradas practicaban este macabro juego cuando nuestro protagonista vio un árbol, a unos 3 metros sobre el suelo, desde el que, pensó, sería impresionante lanzarse. Así lo hizo. Saltó una, dos y hasta tres veces. Iba a hacerlo una cuarta cuando un amigo le dijo algo que no puede recordar. Al girarse para responder, resbaló de la escurridiza rama y cayó hacia atrás, de cabeza, y sin margen de reacción. Antes de poder darse cuenta, había colisionado con el fondo del río. No podía moverse, pero no sentía dolor alguno…

“No sé si pasaron segundos o minutos, lo que sé es que me dio tiempo a pensar en toda mi familia”- relata. Pero sobre todo, pensaba en su hermano mayor. Ese con el que vivía y que había sido su referencia desde que sus padres murieron. Ese que, con más o menos atino, tantas veces había intentado sacar a Abbas de la peligrosa dinámica en la que llevaba inmerso desde hacía tiempo…

“Yo era un bala perdida”-confiesa. “Allí donde había una pelea, estaba yo. Me junté con una banda que no paraba de meterse en problemas. Incluso, estuve a punto de perder la vida en un accidente de coche, en el que íbamos a toda velocidad 4 amigos, en la frontera de Siria con Líbano, donde la nieve alcanza sus cotas más altas. El coche dio 7 vueltas de campana y nos salvamos de milagro. Eran las 3 de la mañana. Cuando se enteró mi hermano, se enfadó muchísimo”- recuerda Abbas.

Quizás por eso, nada más caer al fondo del río, lo primero que le vino a la mente fue precisamente su hermano: “¿cómo reaccionará cuando le digan que he muerto?” Abbas estaba convencido de que ya nunca podría saberlo cuando, de repente, alguien le sacó del agua. A partir de ese momento, Abbas volvió a nacer, con 20 años. Pero el camino que le esperaba era arduo, espinoso y agotador…

“Desapareció mi autonomía, y con ella mis amistades”

“Lo peor no fue justo después del accidente, sino transcurridos 3 meses, cuando pude irme del hospital a casa. Ahí me di cuenta de que mi autonomía había desaparecido por completo y, con ella, también lo hicieron todas mis amistades. Para siempre. Me dejaron solo con mi familia. Mi hermano mayor, con el que tanto había discutido y cuya reacción temía, me acompañó desde el principio y me ayudó en todo, no sólo de forma asistencial sino también económica: fisioterapia privada, pastillas, sondas, etc. En aquel momento, creo que le arruiné económicamente”- expresa, aún con cierta preocupación.

Abbas sintió que había perdido su libertad. “Necesitaba desplazarme en silla de ruedas y ayuda para todo: vestirme, ducharme, comer e incluso mantenerme firme en la silla. Al no cambiar de postura, me salieron dolorosas escaras –úlceras por presión- por el cuerpo. Me deprimí muchísimo, discutía todo el tiempo con mi familia y deseé haber muerto aquel día en el río”.

Echando la vista atrás, ahora entiende por qué no lo hizo: “Dios me dio otra oportunidad. Si seguía con el estilo de vida que llevaba, me hubiera acabado muriendo de un modo u otro. Era la silla o la muerte y Dios optó por lo primero. En cierto modo, el accidente y mi discapacidad me salvaron la vida”- comenta emocionado. Y es que Abbas ahora valora mucho más lo que tiene, se ha convertido en una persona responsable, tenaz y luchadora.

Este cambio de mentalidad no hubiera sido posible sin su hermana mayor, quien vivía en España. “Me propuso irme a vivir con ella y yo, que ya no aguantaba más la vida que llevaba, acepté. Ella sacó lo mejor de mí cuando creía estar acabado. Buscaba cualquier excusa para ayudarme a ser más autónomo. Recuerdo que me decía: yo no te voy a preparar la cena. ¿Tardas 2 horas en cortar tomate y otra hora para cortar el pan? No pasa nada, tienes tiempo”.

Esta nueva filosofía de vida ayudó mucho a mejorar a Abbas, tanto física como emocionalmente. Comenzó a ir a rehabilitación y al gimnasio. En apenas 7 meses, fue capaz de andar con el andador. Al cabo de 2 años, decidió que era el momento de independizarse y su hermana le ayudó a ingresar en el CRMF (Centro de Recuperación de Minusválidos Físicos), donde no sólo hacía terapia para el desarrollo óseo-muscular, sino que estudió español, la E.S.O, Informática avanzada… y aprobó todo con notas muy altas. “Decidí que quería romper con la vida que había llevado antes y luchar por mi futuro. Gracias a ello, logré autonomía para mis necesidades básicas y adquirí conocimientos para aportar a la sociedad”. Ahora sólo le faltaban dos cosas para sentirse completo: empleo y amor. No tardarían llegar.

“En 2007 acudí a la Fundación Adecco y allí conocí a Delia, quien me ayudó a conseguir mi primer empleo. Para mí, Delia es mucho más que mi consultora de selección, es una hermana con la que sé que puedo contar para todo, siempre me ayuda y no sólo en cuestiones laborales”- asevera. Con la ayuda de la Fundación Adecco y de Delia, Abbas ha ido encontrando diferentes trabajos. El último en Indra, la compañía tecnológica líder en España, donde aporta su talento desde hace un año y medio. “Estoy muy contento en la empresa. Me ocupo de temas administrativos de apoyo a proyectos de la compañía para el sector bancario. Soy uno más”.

“Para mí, trabajar significa mucho más que ingresos”

Para Abbas, trabajar en una empresa como Indra, significa mucho más que obtener unos ingresos al mes.

“No sólo me da seguridad, por ser una gran empresa, y no sólo me proporciona un salario mensual, sino que significa salud, pues puedo moverme, desplazarme de un lado a otro y estar activo (cuando me paro mucho tiempo, me atrofio). También significa realización personal y social, pues me siento satisfecho con las funciones que desempeño y me relaciono con gente. Cuando trabajo, me olvido de la silla de ruedas y desconecto. Por último, y lo más importante, trabajar me permite ser un ejemplo para mis 2 hijos, que ven que su padre se esfuerza por salir adelante “.

“Mis hijos ven la discapacidad con total naturalidad”

En efecto, Abbas es padre de 2 niños: un pequeño de 4 años y una pequeña de apenas 2. Los tuvo con Montse, quien fue su enfermera en su paso por una residencia después del CRMF. Allí se enamoraron. “Me esforzaba muchísimo y creo que eso le atrajo de mí. Y yo me sentía muy a gusto con ella, libre para hablar de cualquier tema. Creo que en aquel momento nos sentimos comprendidos y encontramos un apoyo para caminar juntos. Todo comenzó con un café en 2009 y hasta hoy”.

Una preciosa historia de amor que ha dado 2 preciosos frutos. Su mujer y sus hijos son para él lo más importante y su razón para seguir adelante. “Ellos, sobre todo el mayor, tienen la discapacidad muy normalizada y hablan de ella con total naturalidad. Mi hijo está muy pendiente de mí, cree que si voy todos los días al gimnasio, podré volver a andar”- cuenta con una sonrisa.

Así ha sido como hoy, 17 años después del accidente y a punto de cumplir 38, Abbas puede decir que se ha labrado un porvenir. Sin darse cuenta, se ha convertido en un ejemplo de persona luchadora, que nunca se rinde cuando se trata de progresar y alcanzar sus sueños. Los que tiene alrededor le admiran y alaban lo autónomo que es para cocinar, conducir, asearse o ir a trabajar todos los días con la mejor de sus sonrisas.

Y yo no puedo evitar comentárselo: “Hoy tu hermano tiene que estar muy orgulloso de ti”.

-“Bueno”- responde con una risa de modestia. Ahora nos vemos menos de lo que nos gustaría, pero creo que sí, que se ha quitado una preocupación de encima al ver que al final le hice caso y llevo una vida autónoma. Y eso sin duda le hace feliz”.

Abbas y su hijo