Lucia Susial

“Siempre que me caigo, vuelvo a levantarme”

Por Irene Gil Romero

Esta es la filosofía de vida de Lucía Susial, una joven de 22 años natural de Ponferrada (León), que derrocha afán de superación por cada poro de su piel. Un espíritu luchador que le viene de cuna: llegó a este mundo prematura, apenas 29 semanas de gestación y 1 kilo 400 gramos de peso.. Tuve parálisis cerebral pero salí adelante. A mis padres no les dijeron que tuviera secuelas, pero ellos supieron desde el primer momento que tendrían que luchar por mí”- asegura.
En efecto, a los pocos meses advirtieron que Lucía tenía problemas de movilidad. “No era capaz de sostener la cabeza como otros bebés de mi  tiempo y tampoco de andar. Me llevaron al médico y a mi madre le dijeron que tenía que hacer rehabilitación, pero al ver que aún algo fallaba me llevó a Madrid, en busca especialistas en daños neurológicos que pudieran tratarme con más atino. Empecé a recibir tratamiento de Potenciales Evocados en La Paz, lo que posteriormente formaría mi vocación”- comenta.
La terapia que recibió fue la adecuada y se nota. Hoy Lucía es una joven sin ninguna dificultad aparente, que camina y se desenvuelve como cualquier otra persona. A ello también han contribuido sus padres, a quienes está infinitamente agradecida: “nunca me han sobreprotegido ni puesto límites para hacer lo que yo quería, aunque lógicamente sabiéndome decir “NO” cuando me veían demasiado lanzada, que lo era”- admite. También la Fundación Adecco le ha ayudado a conseguir sus metas: “con 16 años tuve la suerte de conocer a Mónica, consultora de esta Fundación, a través del Plan Familia que apoya la empresa de mi madre. Mónica me escucha, me orienta y me proporciona terapias que me ayudan a mejorar”- recalca.
Pero detrás de su éxito hay algo más que unos buenos especialistas o el apoyo de los que tiene cerca, ya que lo que más le ha impulsado, por encima de todo, es un gran esfuerzo personal canalizado a través del deporte. “El ejercicio físico se ha convertido en mi forma de vida: me ha ayudado a formarme como persona y como profesional”- sentencia.

“De pequeña se metían conmigo pero lo convertí en un estímulo”

Para Lucía, el deporte comenzó siendo una recomendación médica. “Al principio no era consciente de que tenía una discapacidad, sólo sabía que tenía las piernas torcidas y que tenía que hacer deporte para compensar esta dificultad”- relata.
Aunque no recuerda su infancia de forma traumática, sí tiene grabado cómo en el colegio se metían con ella: “me llamaban “pato” en Educación Física porque era más torpe y me costaba hacer los ejercicios. Las primeras veces me enfadaba mucho y reaccionaba con agresividad, pero decidí convertir estas burlas en un estímulo para esforzarme más y más. Siempre que me caía, me levantaba. Una y otra vez. Era la típica niña que volvía a casa con el pantalón roto porque nunca me privaba de participar en ninguna actividad. Esta filosofía la sigo aplicando hoy, en todos los ámbitos de mi vida”- expresa.
En este sentido, la discapacidad de Lucía tampoco ha supuesto un obstáculo para sus relaciones sociales: “tengo un grupo de amigas desde la infancia que siempre me han entendido y apoyado”.

“El judo me ha formado en valores y competencias”

Tras probar diferentes disciplinas, fruto de las recomendaciones médicas, Lucía encontró en el judo su deporte. “Me enganchó a los 6 años. Desde el principio me sentía muy cómoda en la colchoneta, descalza, en el suelo y relacionándome con gente. El judo tiene ese “algo” tan característico de todas las Artes Marciales: con su saludo y su propia personalidad. Aunque me costaba, veía que con esfuerzo podía realizar los ejercicios y superarme. Eso me motivaba”- cuenta con pasión.
En efecto, Lucía descubrió en el judo una herramienta que no sólo le reportaba beneficios físicos, sino también emocionales. “Es un deporte muy completo que me ha formado en valores y competencias: superación, autocontrol, capacidad para canalizar mi energía de forma óptima, respeto por las personas que tengo a mi alrededor y un largo etcétera”.

Por desgracia, Lucía dejó de practicar habitualmente con su Club éste deporte hace 5 años, cuando se trasladó a Madrid para empezar sus carreras. Pero tiene muy claro que volverá a retomarlo…


 

“Mi sueño es trabajar en Fisioterapia con personas con discapacidad”

Con 17 añitos Lucía se trasladó a la capital de España para estudiar su vocación: El doble Grado de CAFYD (anteriormente INEF) y Fisioterapia en la Universidad Europea. ”Crecí rodeada de fisioterapeutas y tenía claro que quería ayudar a otras personas con discapacidad a través de esta rama de la Salud, como me han ayudado a mí”.
Al principio, personas del entorno no confiaban en sus posibilidades de sacarse el Grado CAFYD debido a sus dificultades físicas. Sin embargo, hoy está a un paso de finalizarla, a falta del prácticum y del trabajo de finalización.
El mes pasado tuvo la oportunidad de realizar sus primeras prácticas en un centro de Fisioterapia Neurológica con adultos con discapacidad. “Me sentí muy cómoda y tuve unos profesores increíbles, que fueron las propias personas con discapacidad. Siempre he creído que uno aprende más de quien tiene alrededor que de los libros y esta experiencia me ha reforzado esa idea. Si ya tenía claro que quería trabajar con personas con discapacidad, después de estas prácticas lo deseo aún más”.- asevera.
Además, Lucía tiene un sueño, mitad personal y mitad profesional: acercar el judo a todas las personas con discapacidad . “Actualmente, y a nivel paralímpico, el judo sólo está adaptado a personas con discapacidad auditiva y visual, pero no física ni intelectual. Me gustaría que hubiera una Federación de Deporte adaptado para judokas con todo tipo de discapacidades y que también pudieran disfrutar de este deporte tan completo, teniendo la oportunidad de competir a nivel profesional”.- declara.
En este sentido, Lucía se ha propuesto investigar los beneficios del judo para las personas con discapacidad y dar forma a esta idea en el futuro: “quiero contactar con personas con discapacidad interesadas en practicar este deporte y orientarlas para hacerlo, pues a mí me ha aportado mucho”- asegura.

Está en nuestra mano demostrar lo que valemos y de lo que somos capaces”

Lucía aparenta una gran seguridad en sí misma, gracias a su elocuencia, madurez y simpatía. Sin embargo, confiesa que la procesión, a veces, va por dentro. “Yo también me he sentido insegura y con miedo al rechazo. Pero creo que hay que desechar rápidamente este sentimiento y convencernos de que no hay límites. La sociedad está cambiando gracias a que otras personas con discapacidad han demostrado que se puede. Por eso está en

nuestra mano que este cambio continúe:  tenemos que demostrar lo que valemos y de lo que somos capaces, para así derribar barreras y estereotipos”.
En este sentido Lucía lo tiene muy claro: “todos tenemos nuestra función aquí: tenemos que trabajar y esforzarnos para desempeñarla”.
Ella tiene muy claro cuál es la suya: ayudar a muchas personas con discapacidad a través del deporte y la Fisioterapia. Y, dicho sea de paso, contagiar esa alegría y optimismo que le caracteriza. Esto último lo añade una servidora tras charlar una hora con nuestra protagonista.

Lucia Susial. Realizando deporte.