¿Cómo afrontar una entrevista de trabajo? Pierde el miedo con estas claves

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La entrevista de trabajo es “el momento decisivo”, es normal que aparezca el pánico a quedarse en blanco, a no dar la talla, a sentir que no eres capaz, a que se note el nerviosismo o a que una mala respuesta cierre una puerta.

Esta situación puede acentuarse cuando concurren situaciones de vulnerabilidad, como tener una discapacidad, ser mayor de 45 años o llevar más de un año en desempleo. Los prejuicios, estereotipos y la merma de autoestima que con frecuencia afectan a determinadas personas pueden convertirse en una doble penalización.

El miedo en una entrevista es una reacción normal ante una situación que sentimos como “decisiva” y evaluativa. Suele aparecer por:

  • Presión por hacerlo perfecto: pensamos que un error nos descarta y eso bloquea. Al sentir que en 20–30 minutos se decide mucho, el cuerpo activa el modo alerta (más tensión, menos claridad), y eso puede hacer que cueste ordenar ideas o que una respuesta no salga redonda.
  • Incertidumbre: no saber qué preguntarán o qué espera la empresa aumenta la ansiedad. Cuando falta información, nuestro cerebro tiende a completar los huecos con escenarios negativos
  • Experiencias previas y autocrítica: pueden influir en el desempeño de una entrevista tanto los rechazos anteriores, como la inseguridad para destacar tu talento o el miedo a quedarse en blanco.
  • Síndrome del impostor: esa sensación de “no merezco estar aquí” o “van a darse cuenta de que no soy tan bueno/a”. Puede hacer que no pongamos suficientemente en valor nuestros logros y que transmitamos nuestras capacidades con menos confianza de la real.

Además, en algunos casos influyen situaciones personales (brechas en el CV, cambio de sector, desempleo crónico) o barreras añadidas (discapacidad, diversidad o situaciones de vulnerabilidad). Entenderás que la entrevista es una conversación para conocer el talento y el encaje, no un examen.

La preparación previa es la vía más directa para reducir la incertidumbre. Investiga empresa y el puesto con un objetivo claro: comprender su cultura y estrategia para poder explicar cómo tu perfil contribuye a lo que necesitan.

Después, trabaja tu mensaje: respuestas breves y al grano, apoyadas en experiencias reales, y una historia que vaya más allá de “recitar” el currículum. También es recomendable anticipar preguntas difíciles, que veremos más adelante.

Si tienes discapacidad o necesitas alguna adaptación, pedirlo con antelación puede ayudarte a participar en igualdad de condiciones (por ejemplo, intérprete, accesibilidad del edificio o una plataforma online accesible).

Técnicas para controlar los nervios antes de la entrevista

Una buena forma de llegar con más calma es diseñar un breve ejercicio de preparación. La noche anterior, deja preparado lo básico (ropa, documentación, ruta o enlace) para no empezar el día resolviendo imprevistos.

Unas horas antes, realiza una respiración lenta y profunda durante 2–3 minutos para bajar la activación física. Si notas la mente acelerada, utiliza un guion mental simple: “pausa, idea principal, ejemplo”, y recuerda que puedes tomarte unos segundos antes de responder.

Por último, cambia el foco de “tengo que hacerlo perfecto” a “tengo que ser claro y ser yo mismo” ya que esa expectativa más realista suele disminuir la tensión mejorar tu comunicación y eso lo suele notar el entrevistador.

Cómo responder a preguntas difíciles sin bloquearse

En muchas entrevistas aparecen preguntas que pueden resultar incómodas o difíciles. Algunas de las más habituales son: “¿Cuál ha sido tu mayor error profesional?”, “¿Por qué dejaste tu último trabajo?”, “¿Por qué llevas tiempo sin trabajar?” o “¿Por qué deberíamos contratarte a ti?”.

Para responder sin bloquearte, lo primero es tomarte unos segundos para pensar, te ayudará a ordenar las ideas. Una buena estrategia es estructurar la respuesta de forma simple: explica la situación, qué hiciste y qué aprendiste.

Además, intenta llevar la respuesta hacia el aprendizaje y lo que puedes aportar ahora. Por ejemplo, si hablas de un error o de una etapa de desempleo, céntrate en las habilidades que desarrollaste, en cómo mejoraste o en lo que te motiva del puesto actual.

Recuerda que las empresas no buscan respuestas perfectas, sino personas capaces de reflexionar, aprender y comunicar con claridad.

  • Escucha con atención antes de responder. Asegúrate de entender bien la pregunta y tómate unos segundos para organizar tu respuesta. Esto transmite seguridad y evita respuestas precipitadas.
  • Apóyate en ejemplos concretos. En lugar de hablar solo de cualidades, menciona situaciones reales en las que lo hayas demostrado. Los ejemplos aportan más credibilidad a tu mensaje.
  • Cuida la comunicación no verbal. Mantener contacto visual, una postura abierta y un tono de voz calmado ayuda a proyectar confianza, incluso si por dentro sientes nervios.
  • Recuerda que es una conversación, no un examen. La entrevista también es una oportunidad para que tú conozcas a la empresa y valores si encaja contigo. Cambiar esa perspectiva suele reducir la presión.
  • Acepta los nervios como algo normal. Un cierto nivel de nervios es habitual y no significa que lo estés haciendo mal, incluso demuestra interés y motivación por el puesto.

Controlar el lenguaje corporal para proyectar seguridad

El lenguaje corporal influye mucho en la impresión que se transmite durante una entrevista. Gestos como mantener contacto visual, sentarse con una postura recta pero natural o asentir mientras escuchas ayudan a mostrar interés y seguridad.

También es recomendable evitar movimientos repetitivos que puedan delatar nerviosismo, como jugar con un bolígrafo o mover constantemente las manos. Si no sabes qué hacer con ellas, lo más sencillo es apoyarlas de forma relajada sobre la mesa o en el regazo.

En algunos casos, los nervios pueden ser mayores cuando se afronta la entrevista tras un periodo de desempleo o cuando concurren situaciones de vulnerabilidad. Por eso, es importante recordar que la confianza también se entrena.

La importancia del tono de voz y el ritmo al hablar

Además de lo que dices, el cómo lo dices también influye en la impresión que transmites en una entrevista. Hablar con un tono claro, calmado y a un ritmo pausado y cuidar la expresión facial ayuda a comunicar tus ideas con más seguridad y facilita que la otra persona entienda mejor tu mensaje.

Sonreír de forma natural, vocalizar bien y mostrar atención cuando la otra persona habla contribuye a generar una comunicación más cercana.

Una combinación de estos consejos marcará la diferencia.

El cierre es tu oportunidad para reforzar lo más importante y dejar una última imagen profesional. En los minutos finales, resume en una o dos frases por qué encajas (“por mi experiencia en tal sitio y mi forma de trabajar en este otro, puedo aportar esto al puesto”), muestra interés real por la oportunidad.

También puedes hacer una o dos preguntas relevantes sobre el equipo, las prioridades del puesto o los próximos retos ya que transmiten motivación, interés y preparación. Cierra mostrando agradecimiento y preguntando por los posibles siguientes pasos (plazos, fases y forma de contacto), así se conseguirá una buena impresión y reafirmarás tu interés.

Por último, pero no menos importante,  podrás ver un vídeo protagonizado por Caterina Moretti Embajadora de la Fundación Adecco con algunos consejos para afrontar tu entrevista con más seguridad.

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