“Mi trabajo actual me está permitiendo conocer facetas de mí que quizás desconocía. Puedo decir que disfruto con mi trabajo como conductor, de la ruta que hago, de poder organizar mi tiempo y, sobre todo, de tener la seguridad de que soy válido para cualquier trabajo”. Son palabras de Óscar López, que a sus 61 años y con certificado de discapacidad ha encontrado una nueva oportunidad laboral después de estar en situación de desempleo.
Hace cinco años, en 2021, Óscar acudió por primera vez a la delegación de Fundación Adecco Navarra en busca de una oportunidad, pero en aquella ocasión no hubo suerte y, debido a su edad, no pudo encontrar ningún puesto para él. Estuvo un tiempo en un Centro Especial de Empleo, pero seguía confiando en encontrar una oportunidad en una empresa ordinaria.
No desesperó y el año pasado, con 60 recién cumplidos y con una gran preocupación debido al tiempo que le restaba hasta la jubilación, volvió a intentarlo. “Lo primero que hicimos —cuenta su consultor, Iker Sánchez— es darle una vuelta a su currículum y valorar en qué empresas cercanas a su localidad podrían tener una oportunidad para él”. Y así fue, Transportes Ocón estaba buscando conductores para transporte de mercancías en furgón carrozado en Pamplona. Empezó con varios contratos temporales hasta que en marzo firmó el indefinido. “Está feliz, contento, ha encontrado una estabilidad y un sitio donde quedarse hasta que se jubile”, añade Iker.

El papel fundamental de las empresas comprometidas
Para que una persona sénior y con discapacidad encuentre empleo hay dos factores clave, opina el consultor de la Fundación Adecco: “Por un lado, la actitud de la persona es vital. Suelen venir a Fundación con una mochila muy pesada; hay que ayudarles a quitársela para que se den cuenta de que son capaces y de que hay empresas que apuestan por ellos. Y, por otro lado, es vital trabajar la sensibilización y la generación de entornos inclusivos con las propias empresas”.
Óscar coincide: “Respecto a las empresas, me gustaría decirles que tenemos mucho que aportar: pasión por hacer las cosas bien, responsabilidad, sabiduría, experiencia y confianza en el cuidado de las herramientas puestas a nuestro servicio…”. En resumen, “las personas sénior, con o sin discapacidad, pueden ser un gran activo para las empresas”. Aunque lo cierto es que aún queda mucho por hacer. Según datos del INE (2025), una de cada tres personas en situación de desempleo en Navarra (34%) tiene más de 45 años. Si a ello le sumamos la baja tasa de actividad de las personas con discapacidad, las opciones de Óscar y de personas con un perfil parecido se ven bastante limitadas.
Superando barreras con actitud
Al preguntarle a Iker qué es lo que más destacaría de Óscar durante todo este proceso de búsqueda, asegura, sin dudarlo, que el entusiasmo con el que ha afrontado todas las fases del proceso. “Su actitud ha sido encomiable, siempre con una sonrisa. Óscar estaba preocupado, agobiado, y hoy en día se considera una persona feliz. Una vez que consiguió el trabajo sabía perfectamente que era su oportunidad y que no podía desaprovecharla”, añade.
La actitud de Óscar también se refleja en el optimismo que quiere infundir a personas en una situación similar a la suya: “Animo a las personas de más de 50 años a no tener miedo a empezar de nuevo y reciclarse laboralmente. Además, la discapacidad no puede, ni debe ser, una barrera. Existen fundaciones y empresas que apuestan por personas mayores con discapacidad, eso ya debería ser bastante motivador”, asegura.
“Los últimos años productivos no tienen por qué ser los peores, sino todo lo contrario, ya solamente debería preocuparte no fallarte a ti mismo y, por descontado, a quien apueste por ti”, concluye Óscar. Cómo no, con una sonrisa.

