Soy Javi Martín, soy actor y tengo un diagnóstico de trastorno bipolar. En 2012 caí en una depresión que me llevó a un intento de suicidio. Trece años después de ese episodio no me cuesta poner palabras a lo que ocurrió. De hecho, soy capaz de poner un toque de humor a la etapa con mayor dosis de drama de mi vida. Para mí, el humor es de las cosas más serias de la vida. Tampoco reniego de mi paso por dos instituciones psiquiátricas. Entiendo que sigan existiendo muchos tabús respecto a estos centros, pero no hay mejor lugar para recuperarse de una situación similar a la que yo viví y que me llevó a las dos etapas por las que pasa toda persona con trastorno bipolar: la manía y la depresión. En la primera crees estar en un mundo nuevo, percibes tu entorno de una manera que jamás lo habías hecho. Yo lo llamo “la elevación”. Eso sí, después de todo ascenso, llega la caída. Y con ella, el dolor y el sufrimiento. Cuento todo esto porque creo que el principal enemigo del diagnóstico de salud mental es la desinformación. En este país existe un gran desapego hacia la salud mental y yo quiero unirme a las personas que empiezan a alzar la voz respecto a una realidad que afecta —o va a afectar a lo largo de su vida— a una de cada cuatro personas en España. Y no se me ocurre mejor día para hacerlo que con motivo del Día Mundial de la Salud Mental.
«El principal enemigo de la salud mental es la desinformación»
Hace trece años estuve a punto de quitarme la vida saltando desde la terraza de mi casa. En mi caso, me frenó el amor por mi pareja, pero ¿cuántas personas con amor y con una red de apoyo fuerte se quitan la vida cada año en España? Muchas más de las que estamos dispuestos a admitir. El primer paso para superar los estigmas asociados a las personas con problemas de salud mental es hablar de ello, y el segundo, derribar las barreras que les impiden llevar una —mal llamada— “vida normalizada”.
Para lograrlo, el empleo es, en mi opinión y propia experiencia, un aliado fundamental. Una vez superados los momentos de fama que me regaló la televisión —sí, soy el de ‘Caiga quien caiga’—, orienté mi trayectoria profesional hacia el teatro. Una faceta que me ha traído grandes satisfacciones. Yo he tenido mucha suerte: el mío es un sector bastante abierto a la diversidad, pero esta realidad no es así en otros muchos campos. Las empresas y los empleadores deben garantizar espacios laborales inclusivos y fomentar la escucha activa para que el trabajo se convierta en una experiencia protectora para la salud mental.
«El empleo refuerza la autoestima y mejora la calidad de vida de las personas con diagnóstico por salud mental»
El empleo refuerza la autoestima y mejora la calidad de vida aportando independencia económica y fortaleciendo la red de contactos. Creo que el empleo es, al fin y al cabo, uno de los grandes aliados para que el diagnóstico de salud mental deje de tener el papel protagonista en nuestras vidas. Aún existe un gran desconocimiento respecto a la incorporación de personas con diagnóstico de salud mental al mercado laboral, pero la inclusión debe ser un reto en el que todos tenemos que poner de nuestra parte. Como recoge el informe Discapacidad, Salud Mental y Empleo, recientemente publicado por la Fundación Adecco, “las bajas tasas de actividad y empleo entre las personas con discapacidad derivada de un problema de salud mental se explican, en gran medida, por la persistencia del estigma social, que alimenta prejuicios y estereotipos sobre su capacidad, fiabilidad o incluso seguridad”. Estos sesgos no solo condicionan la percepción externa y las oportunidades de contratación, sino que también pueden interiorizarse en forma de autoestigma, generando aislamiento, baja autoestima y renuncia anticipada ante un proceso de selección. En otras palabras, el estigma social actúa como barrera externa y el autoestigma como obstáculo interno, limitando doblemente las posibilidades de inclusión laboral.
Para impedirlo, seguiré alzando la voz con motivo del Día Mundial de la Salud Mental, y todos los días. Procuraré hacerlo con un toque de humor, como prometía al inicio de esta reflexión (hoy me he puesto más serio de lo que acostumbro), y aprovecharé el altavoz que me brinda mi papel como embajador de la Fundación Adecco. De esta manera, solo habrá espacio para una cosa, el talento. Sin etiquetas ni prejuicios. Y, por supuesto, dejando atrás el autoestigma.

