Cómo ayudar a una persona con discapacidad intelectual o psíquica

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Poco a poco y de forma progresiva debemos ir rompiendo con los prejuicios y estereotipos que existen sobre la discapacidad intelectual y psíquica en el entorno profesional. Nuestra actitud y conocimiento sobre la discapacidad intelectual y psíquica es fundamental para ir generando espacio inclusivo de interacción y relación. De esta forma eliminaremos cualquier barrera que nos lleva a descartar una candidatura, poniendo por delante de la etiqueta de la discapacidad antes que las competencias profesionales y el talento.

¿Cuál es la diferencia entre discapacidad intelectual y discapacidad psíquica?

La discapacidad intelectual es una condición permanente que afecta a las capacidades intelectuales de una persona y a su comportamiento en distintas situaciones.  Esta discapacidad puede incluir dificultades de comunicación, memoria, comprensión, resolución de problemas, autocuidado, habilidades sociales y emocionales y habilidades físicas.   

La discapacidad psíquica, sin embargo,  describe una variedad de trastornos mentales que pueden afectar el comportamiento, la cognición y las emociones de una persona. Estos trastornos pueden tener un impacto significativo en la vida cotidiana de la persona y en su capacidad para funcionar de manera autónoma en la sociedad.

10 claves para ayudar a personas con discapacidad desde RRHH

Para ello, Marina Armijo, consultora de selección de la Fundación Adecco y experta en integración laboral de personas con discapacidad intelectual y psíquica nos ofrece un decálogo de pequeños consejos que nos pueden ayudar a gestionar la discapacidad intelectual y psíquica desde RRHH:

  1. Adoptar una manera de hablar natural y sencilla. Evitar el lenguaje técnico y complejo y usar frases directas y bien construidas. Evitar los circunloquios.
  2. No subestimar el talento de las personas con discapacidad intelectual. Muchas veces no les incluimos en conversaciones cotidianas o laborales por pensar que no estarán a la altura.
  3. Responder a sus preguntas, asegurándonos de que nos han comprendido. Hay que tener paciencia, sus reacciones pueden ser lentas y tardar en comprender lo que se le dice.
  4. Salvo para cuestiones intelectuales, tratarlas de acuerdo con su edad.
  5. Limitar la ayuda a lo necesario, procurando que se desenvuelva sola en el resto de las actividades.
  6. Facilitar su relación con otras personas. Formar a los equipos en ese sentido.
  7. Evitar la sobreprotección. Debemos dejar que ellas hagan o traten de hacer solas todo lo que puedan. Ayudarlas solo cuando sea realmente necesario.
  8. Desean vivir en situaciones normalizadas y que se valore lo que hacen por el mérito que tiene y no por el hecho de que sean personas con discapacidad intelectual.
  9. Procura estar atento a sus respuestas, para que puedas adaptar la comunicación si fuera necesario.
  10. Habla directamente a la persona con discapacidad intelectual, no a su acompañante si lo tiene.

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