El proyecto Talento de barrio de EY, que impulsa la inclusión social y la igualdad de oportunidades en barrios en situación de vulnerabilidad, combinando educación, cultura y empleabilidad en un itinerario integral de acompañamiento, ha sido premiado como la Mejor práctica en acción social en la IX edición de los Premios de Diversidad e inclusión.
En esta edición, EY y Coca-Cola han ganado ex aequo el premio a la Mejor práctica en acción social.
Promovidos por la Fundación Adecco y el Club de Excelencia en Sostenibilidad, estos galardones reconocen a aquellas empresas que cuenten con la mejor estrategia y visión de la Diversidad, equidad e Inclusión (De&I), poniendo en valor su integración como elemento estratégico en el negocio, su transversalidad y la orientación a todos los grupos de interés.
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¿Qué significa para EY recibir el Premio a la Mejor Práctica en Acción Social por el proyecto ‘Talento de barrio’?
Recibir este premio es un reconocimiento muy especial porque pone en valor una forma de entender la acción social basada en la colaboración, el compromiso estable y el arraigo local. Para EY, Talento de Barrio refleja una convicción que forma parte de nuestra cultura: el talento está en todas partes, pero las oportunidades no siempre llegan por igual.
El galardón reconoce el trabajo conjunto de muchas personas y organizaciones: las entidades sociales y comunitarias que conocen cada barrio, los profesionales de EY que aportan su tiempo y conocimiento y, sobre todo, las personas participantes, que son las verdaderas protagonistas. También supone un impulso para seguir consolidando un modelo orientado a generar oportunidades reales y sostenidas, más allá de acciones aisladas.
¿Cómo surgió este proyecto que impulsa la inclusión social y la igualdad de oportunidades en barrios en situación de vulnerabilidad?
Talento de Barrio comenzó en 2018 en San Cristóbal de los Ángeles, a partir de la escucha y del trabajo con las entidades que ya estaban presentes en el barrio. El diagnóstico era claro: el lugar en el que una persona nace y crece sigue condicionando su acceso a la educación, a referentes profesionales, a experiencias culturales y, en última instancia, al empleo.
El proyecto nació para contribuir a cerrar esa brecha desde una intervención de largo plazo. En lugar de llegar con una solución cerrada, construimos el modelo con los actores locales, combinando su conocimiento del territorio con las capacidades de EY y de otras entidades especializadas. Desde el inicio entendimos que generar igualdad de oportunidades exigía acompañar las distintas etapas del desarrollo de una persona, desde la educación y la ampliación de horizontes hasta la orientación y el acceso al mercado laboral.
«Talento de Barrio no es una campaña puntual, sino un modelo de acompañamiento continuado y arraigado en la comunidad«
¿Qué hace que vuestro proyecto sea diferencial?
Lo diferencial es, en primer lugar, su vocación de largo plazo. Talento de Barrio no es una campaña puntual, sino un modelo de acompañamiento continuado y arraigado en la comunidad.
En segundo lugar, integra educación, cultura y empleabilidad dentro de un mismo itinerario. Trabajamos el refuerzo educativo y las competencias digitales; facilitamos experiencias culturales que amplían horizontes; y desarrollamos mentorías, orientación, preparación de entrevistas y conexión con el entorno laboral.
El tercer elemento es la cocreación. Cada intervención se diseña junto con entidades sociales y agentes locales, adaptándola a las necesidades reales de cada barrio. EY no se limita a financiar: sus profesionales participan como voluntarios, mentores y referentes, aportando capacidades profesionales al servicio de la comunidad. Esa combinación de continuidad, enfoque integral y colaboración territorial es la que permite generar un impacto más profundo.
La iniciativa va mucho más allá de la intermediación laboral y combina educación, cultura y empleabilidad. ¿Por qué es importante abordar la inclusión desde una perspectiva integral?
Porque la exclusión no responde a una única causa y, por tanto, tampoco puede resolverse desde una única palanca. La empleabilidad empieza mucho antes de una entrevista de trabajo. Empieza cuando una persona puede continuar estudiando, desarrollar competencias, descubrir sus capacidades, conocer otros entornos y visualizar un futuro posible.
Por eso trabajamos el refuerzo educativo y las competencias digitales; facilitamos experiencias culturales que amplían horizontes; y desarrollamos mentorías, orientación, preparación de entrevistas y conexión con el entorno laboral.
La educación aporta herramientas y reduce el riesgo de abandono. La cultura amplía referentes, estimula la creatividad y refuerza el sentido de pertenencia. La orientación y la empleabilidad convierten ese desarrollo en decisiones formativas y oportunidades profesionales concretas. Cuando estas dimensiones se conectan, el acompañamiento deja de ser una suma de actividades y se convierte en un itinerario coherente de crecimiento personal y profesional.
«La exclusión no responde a una única causa y tampoco puede resolverse desde una única palanca«
¿Cómo fueron los inicios en 2018 en San Cristóbal de los Ángeles? ¿Qué balance hacéis de lo logrado hasta la fecha?
Los inicios fueron una etapa de aprendizaje, escucha y generación de confianza. San Cristóbal de los Ángeles fue el primer territorio en el que pudimos construir el modelo junto con Fundación Montemadrid, y una amplia red de agentes educativos, sociales y comunitarios, a la que después se sumaron Fundación Adecco y Creática. La prioridad no era crecer deprisa, sino comprender bien el contexto, identificar necesidades y demostrar continuidad.
Desde 2018 hemos desarrollado más de 200 iniciativas educativas, culturales y de empleabilidad, hemos acompañado a más de 5.500 personas y hemos movilizado a más de 1.500 profesionales voluntarios, con más de 30.000 horas de voluntariado. En empleabilidad, la colaboración con Fundación Adecco en San Cristóbal ha permitido, entre 2023 y 2026, gestionar 73 contratos e incorporar a 48 personas al mercado laboral, con más de 1.000 acciones de intermediación y 461 entrevistas en empresas.
El balance es muy positivo, no solo por la escala alcanzada, sino porque se ha consolidado una red de confianza y una forma de trabajar que permite convertir el acompañamiento en oportunidades concretas.
¿Cuál diríais que ha sido el mayor logro del proyecto? ¿Y los mayores desafíos?
El mayor logro ha sido demostrar que una compañía puede construir una relación sostenida con las comunidades en las que está presente y poner su talento profesional al servicio de procesos de cambio reales. Más allá de las cifras, el impacto se concreta cuando un joven continúa estudiando, accede a una formación, llega a su primera entrevista o consigue su primer empleo.
El principal desafío ha sido compatibilizar esa ambición de continuidad con la complejidad operativa del modelo. Coordinar entidades, equipos, territorios y necesidades distintas exige una gran capacidad de adaptación. También supone un reto mantener una base estable de voluntariado, especialmente en actividades que requieren presencialidad y compromiso continuado.
Para responder a ello, hemos reforzado la planificación anticipada, la coordinación con las entidades y la diversidad de formatos de participación, incorporando acciones puntuales, continuadas, híbridas y online. El aprendizaje ha sido claro: para crecer sin perder calidad, hay que adaptar la participación, pero preservar siempre el vínculo con el territorio y la continuidad del acompañamiento.
«El mayor logro ha sido demostrar que una compañía puede construir una relación sostenida con las comunidades en las que está presente«
¿En qué momento se encuentra el proyecto actualmente? ¿Tenéis previsto extenderlo a otros barrios o territorios?
El proyecto se encuentra en una fase de consolidación y crecimiento. San Cristóbal sigue siendo el núcleo de referencia y el territorio en el que la metodología se ha desarrollado con mayor recorrido, pero el modelo ya está presente en otros barrios y ciudades de España: El Raval en Barcelona, con Fundación Terral; Delicias y Rondilla en Valladolid, con Fundación Red Íncola; La Pechina en Valencia; Bilbao La Vieja, con BAKUVA; Las 3000 Viviendas en Sevilla, con Fundación ALALÁ; y Son Gotleu en Mallorca, con Aldeas Infantiles.
La extensión no consiste en copiar exactamente las mismas actividades. Lo que trasladamos es una metodología basada en el diagnóstico local, la cocreación con entidades del territorio, el enfoque integral y el acompañamiento sostenido. Cada barrio adapta las líneas de actuación y las alianzas a su realidad.
Nuestra intención es seguir consolidando esta red y valorar nuevas extensiones allí donde existan una necesidad clara, socios locales sólidos y capacidad para garantizar continuidad. El crecimiento solo tiene sentido si mantiene la calidad, el arraigo y la sostenibilidad que definen al proyecto.
¿Qué consejo daríais a otras compañías que quieran impulsar iniciativas de acción social con un impacto real en las comunidades en las que operan?
El primer consejo sería escuchar antes de actuar. Las entidades y las comunidades conocen mejor que nadie sus necesidades, sus activos y las soluciones que pueden funcionar. La acción social genera más impacto cuando se construye con el territorio, no para el territorio.
El segundo sería comprometerse a largo plazo. La transformación social requiere tiempo, confianza y capacidad de aprender y corregir. Es preferible consolidar una relación sostenida y medible que multiplicar acciones puntuales sin continuidad.
Y el tercero sería implicar las capacidades propias de la compañía. La aportación económica es importante, pero el conocimiento, la experiencia y los referentes profesionales pueden multiplicar el impacto. Cuando el propósito se integra en la cultura de la organización y los profesionales participan en primera persona, la iniciativa gana profundidad, credibilidad y sostenibilidad.