Francisco Mesonero, director general de la Fundación Adecco, ha comparecido en la Comisión para las Políticas Integrales de Discapacidad del Congreso de los Diputados para mostrar el compromiso de la entidad con la inclusión laboral de las personas con discapacidad y reclamar un marco normativo que la impulse, elimine barreras y promueva oportunidades reales.
Una apuesta que la Fundación defiende desde su creación en 1999 y que da sentido a su proyecto social y al esfuerzo de un equipo formado por 364 personas que trabajan en itinerarios de empleo, atendiendo a cada persona que busca trabajo como salida a una situación de vulnerabilidad o exclusión social.
Cada año, la Fundación Adecco atiende a más de 27.000 personas en situación de vulnerabilidad. A lo largo de sus 26 años de historia, ha generado 112.886 empleos para personas vulnerables, de los cuales cerca de 60.000 han sido para personas con discapacidad. «Estas cifras no son solo números: son historias de superación, de dignidad recuperada, de vidas transformadas», ha reflexionado Mesonero durante la intervención en el Congreso de los Diputados.
45 años de avances y mucho por hacer
En su ponencia ha querido celebrar los significativos avances que se han logrado en los últimos 45 años y que sitúan a España como uno de los países con mejor atención a la discapacidad. «En el año 1980 celebramos el año Mundial del subnormal y tenemos que seguir trabajando para que los medios de comunicación, las Administraciones públicas y la sociedad en general conozcan mejor la realidad de las personas con discapacidad y la abordemos con sensibilidad. No es solo un tema de lenguaje, sino de mejorar el discurso y los mensajes que damos cuando hablamos de discapacidad», ha comentado.
Mesonero ha explicado que desde la LISMI de 1982 hasta la actual Ley General de los Derechos de las Personas con Discapacidad, el marco normativo ha evolucionado, la sensibilidad social ha crecido y muchas empresas han comenzado a ver la diversidad como una oportunidad estratégica. Los datos de empleo han mejorado, pero la excelencia aún está lejos. Y esos mismos datos nos recuerdan que aún queda mucho por hacer.
Por todo ello, ha centrado su discurso en la inclusión laboral, que no empieza con la búsqueda de empleo, sino mucho antes. «Empieza en la familia, en la atención temprana, en la educación, en el acceso a la salud, en la vivienda, en la tecnología. Por eso, debemos abordar la inclusión desde una perspectiva integral«, ha asegurado. Y ha añadido que desde la Fundación Adecco se ha desarrollado un modelo de intervención llamado el Ciclo de la Inclusión, que pone a la persona en el centro: su historia, su experiencia de vida, su contexto familiar y social, sus capacidades, sus limitaciones y, por supuesto, sus aspiraciones. A través de itinerarios personalizados, se trabaja la empleabilidad desde una perspectiva integral.
La importancia de la familia y el entorno educativo
Más allá de estos itinerarios, el director general ha querido señalar que la inclusión comienza en las familias: son el primer entorno de inclusión, pero también el primero en enfrentar barreras. En España, más del 20% de los hogares convive con al menos una persona con discapacidad. Esto significa que millones de familias viven cada día con la discapacidad como parte de su realidad cotidiana además de con la preocupación de qué pasará cuando ellos falten. Por ello, reclamó Mesonero: «Necesitamos políticas que acompañen a estas familias desde el diagnóstico, que les ofrezcan recursos, orientación y apoyo emocional». Y añadió: desde nuestro programa de Plan Familia defendemos la relevancia de la atención temprana, clave para el desarrollo de habilidades y para prevenir situaciones de dependencia futura. Debe ser universal, accesible y de calidad».
En el ámbito educativo ha reclamado un avance hacia una educación inclusiva que conviva con la educación especial, garantizando que cada alumno reciba la respuesta que necesita. Ya que la inclusión no es colocar a todas las personas en la misma aula, sino ofrecer a cada persona condiciones razonables para aprender y desarrollarse. Falta formación específica en discapacidad para el personal docente, apoyos educativos en las aulas, reducción de ratios y personalización en la atención. Además de alternativas formativas específicas, inclusivas y regladas más allá de la educación secundaria obligatoria. «Solo de esta manera podemos garantizar la autonomía y la vida independiente como un derecho fundamental. Las personas con discapacidad deben poder decidir sobre su vida, sobre dónde y cómo vivir, sobre qué estudiar y en qué trabajar», ha añadido.
Esta etapa, la transición a la vida adulta y al empleo es uno de los momentos más críticos. Muchos jóvenes con discapacidad se pierden en ese tránsito. Se necesitan, por tanto, programas de formación dual, prácticas inclusivas, orientación vocacional y acompañamiento técnico. El empleo protegido es, a día de hoy, una herramienta útil, pero hay que avanzar hacia la inclusión en la empresa ordinaria, garantizando que las personas con discapacidad puedan trabajar en igualdad de condiciones y con las mismas oportunidades.
«La inclusión no es solo una cuestión técnica: es una cuestión cultural«
En este punto, Mesonero ha querido ser claro respecto a la aspiración a futuro de la Fundación Adecco: que las empresas cumplan con la ley a través de la contratación directa de personas con discapacidad. «Las medidas alternativas, como las donaciones o la compra de productos a centros especiales de empleo, deben ser eso: alternativas, excepcionales y temporales. No pueden convertirse en la vía habitual de cumplimiento. Porque la verdadera inclusión se produce en la empresa ordinaria, en entornos diversos, compartidos y accesibles», ha deseado. Y para que esto sea posible ha explicado que debe comenzarse por combatir los enemigos de la inclusión: los estigmas, las falsas creencia, los prejuicios, los estereotipos, los sesgos inconscientes, la sobreprotección, la comodidad y la indiferencia. La inclusión no es solo una cuestión técnica, es cultural. Necesitamos reconocer el talento, valorar la diferencia, adaptar los procesos y asegurar la plena inclusión de todas las personas.
La tasa de actividad de las personas con discapacidad apenas supera el 35%, frente al 78% de la población general. Esto significa que casi dos de cada tres personas con discapacidad en edad laboral no están ni trabajando ni buscando empleo. Esta altísima tasa de inactividad es uno de los grandes desafíos estructurales que debemos abordar con urgencia pues sabemos que hay personas en centros ocupacionales que no trabajan y podrían estar haciéndolo en un momento de gran escasez de talento.
Por ello y para fomentar el acceso al empleo, Mesonero ha apostado por mejorar las condiciones en las que ese empleo se desarrolla, ya que muchas personas con discapacidad acceden a trabajos precarios en condiciones por debajo del umbral de suficiencia. «La inclusión no puede medirse solo en número de contratos, sino en la calidad de esos empleos. Necesitamos avanzar hacia un modelo de empleo sostenible que permita a las personas con discapacidad desarrollar su proyecto de vida con autonomía y seguridad», ha añadido.
Propuestas para generar empleos sostenibles
Por lo tanto, el director general ha querido concretar los puntos más relevantes para asegurar empleos sostenibles para las personas con discapacidad:
- Mejorar la información, los datos, estadísticas y estudios relativos a la formación y el empleo de las personas con discapacidad para tomar decisiones efectivas.
- Formar e informar a las personas con discapacidad, a las familias y a sus redes de apoyo sobre el sistema de prestaciones para lograr conectar adecuadamente las políticas pasivas de empleo con las activas.
- Formar a las personas implicadas en las etapas educativas y formativas para orientar adecuadamente a las personas con discapacidad hacia el empleo.
- Revisar los incentivos a la contratación.
- Respecto a los programas de empleo promovidos por la Administración pública hay que favorecer que los itinerarios se adapten a la realidad de las personas con discapacidad. Necesitamos flexibilidad para que podamos personalizar la atención.
- Fortalecer las políticas y medidas para ayudar en la transición de Centros Ocupacionales y Centros Especiales de Empleo a la empresa ordinaria.
- Ayudar a las empresas en el desarrollo de Unidades de apoyo a la inclusión a través de la colaboración público-privada.
La inclusión no es solo una cuestión de justicia social
Para finalizar su intervención, Francisco Mesonero ha querido dejar claro que: «La inclusión de las personas con discapacidad no es solo una cuestión de justicia social. Es también una cuestión de sostenibilidad económica y de cohesión democrática. Pero, sobre todo, es una cuestión profundamente humana. Porque la vulnerabilidad no es una excepción. Es parte de nuestra condición. Todos, en algún momento de nuestra vida, somos y experimentamos la vulnerabilidad como parte de nuestra propia naturaleza. Y por eso, construir una sociedad inclusiva no es solo un acto de solidaridad: es un acto de inteligencia colectiva y enriquecimiento de nuestro capital espiritual, es decir de los valores que como sociedad democrática queremos defender».
Y ha compartido que, desde la Fundación Adecco, se va a mantener el compromiso con dicho propósito: «Pero necesitamos su apoyo. Necesitamos un marco normativo que impulse la inclusión, que elimine barreras y que promueva oportunidades reales. Les invito a que trabajemos juntos en la mejora de nuestro modelo de sociedad, donde la discapacidad no sea un obstáculo, sino una dimensión más de la diversidad humana que representa a nuestra sociedad y a la ciudadanía española», ha concluido.