Sesgos inconscientes: ¿por qué son importantes en diversidad?
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Sesgos inconscientes: ¿por qué son importantes en materia de diversidad?

Sesgos inconscientes: ¿por qué son importantes en materia de diversidad?

Seguro que esta mañana os habéis despertado sin la predisposición de discriminar a alguien. Os voy a hacer un spoiler de vuestra vida: hoy vais a discriminar a una o varias personas. Por supuesto no lo haréis de manera consciente. Entonces, ¿por qué cuándo estamos en una reunión de trabajo o manteniendo cualquier conversación, somos capaces de cortar al becario mientras expone su opinión sin despeinarnos? A lo largo de nuestro día formamos parte de distintas micro-discriminaciones que tienen su origen en los sesgos inconscientes. Pero, ¿qué son los sesgos inconscientes y por qué es necesario que sepamos de su existencia?

Para empezar, los sesgos inconscientes son necesarios para la supervivencia de cualquier especie. Sin ellos una cebra que descansa plácidamente en la sabana africana y sus sentidos perciben las garras y los colmillos de un león, piensa que lo mejor es seguir descansando y no corre hasta salvar su vida. O en nuestro caso, ¿por qué cuando vemos llegar el metro y a nuestro lado izquierdo queda un vagón con mucha gente y a nuestro lado derecho un vagón completamente vacío, nos dirigimos sin dudar al vagón izquierdo? Es instinto de supervivencia. Quizás el amable león no quería comerse a la cebra porque acababa de comerse otra, o quizás el vagón estaba vacío porque acababa de bajarse un gran grupo de estudiantes. Segundo spoiler: Nuestro cerebro no busca la verdad, busca sobrevivir.

Busca sobrevivir a los 11 millones de bits de información que recibe por segundo, y de los que sólo es capaz de procesar 40. Ante tal cantidad de millones de bits de información que no es capaz de procesar, nuestro cerebro nos provee de atajos mentales para poder tomar decisiones de manera rápida y eficaz. Es por esto que el marketing lleva años demostrando que si pone la imagen de una señora mayor en un bote de lentejas, con mayor probabilidad lo meteremos en nuestro carro porque lo percibimos como un alimento “de toda la vida”, “como si lo hubiera hecho nuestra abuela”, y que por tanto, es de calidad.

Y es ahora, cuando hablamos de procesos mentales, el momento de introducir lo que durante décadas se dedicó a investigar el premio Nobel de Economía, el psicólogo Daniel Kahneman, y que plasmó en su archiconocido libro Pensar rápido, pensar despacio. Nuestro mecanismo de pensamiento se divide en dos sistemas: un sistema lento, que debe concentrarse y que analiza los problemas dando una respuesta racional; y un sistema rápido e instintivo que decide con poco o ningún esfuerzo mediante patrones de respuesta aprendidos a lo largo de nuestra vida de acuerdo a nuestros valores, nuestra cultura y nuestra experiencia previa. Esto es, el que toma las decisiones que concuerdan mejor con nuestra propia realidad.

El sistema rápido es el responsable de que detectes hostilidad en la voz de una persona, y el sistema lento es el que contaría las veces que se repite la letra a en este párrafo.

Si nos preguntan cuál es el sistema que rige nuestras decisiones queremos identificarnos con el sistema lento, lógico y racional. Tercer spoiler: No somos conscientes de lo inconscientes que somos. Las ideas formadas en nuestro inconsciente, en ese sistema rápido, automático e instintivo son las que protagonizan la mayoría de nuestras decisiones. El sistema lento se encuentra normalmente en un confortable modo de mínimo esfuerzo. Si quieres demostrarme lo contrario, por favor, multiplica ahora 17×24 sin utilizar un lápiz, un papel o una calculadora.

¿Por qué pensamos que somos racionales? Porque tenemos un cerebro terriblemente ególatra por el cual tendemos a pensar que el mundo es tal y como lo vemos. Cuarto y definitivo spoiler: el mundo lo vemos tal y como somos.

La mayoría de las veces el engranaje que forman ambos sistemas de pensamiento funciona perfectamente, como introducíamos en este artículo son necesarios para la supervivencia; pero hay situaciones en las que se producen sesgos, errores que provocan impresiones e intuiciones erróneas. Por ejemplo, a todos nos ha pasado que, conocemos a una persona del mismo pueblo o ciudad que nosotros y, automáticamente, nos produce un efecto de familiaridad que impacta de manera positiva en nuestra impresión hacia él o ella. Independientemente de que después descubramos que es el mismísimo Darth Vader.

No nos alarmemos. Los sesgos inconscientes se pueden trabajar. Pero, ¿por qué es necesario trabajarlos? Porque los sesgos inconscientes se constituyen como enemigos de la diversidadTenemos que ser conscientes de su existencia y comprenderlos para poder cambiar la forma en la que pensamos. Determinar cuáles son útiles, cuáles nos ayudan y cuáles impactan de manera negativa en otras personas.

Investigaciones demuestran que tendemos a opinar igual en un grupo como nosotros; y nos sentimos más libres de opinar en un grupo distinto al nuestro. ¡Favoreciendo equipos diversos generaremos ideas más enriquecedoras!

infografia sesgos inconscientes

Paloma Herranz
paloma.herranz@adecco.com

Consultora de Comunicación en la Fundación Adecco.

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