¿Puede hoy el empleo sacar de la exclusión? El IX Informe FOESSA 2025 ofrece una respuesta incómoda, pero también orientaciones nítidas. En España trabajar protege, pero ya no inmuniza: uno de cada diez ocupados vive en exclusión social y más de un tercio de quienes están en exclusión moderada o severa tienen empleo. Sin embargo, cuando falta el empleo, el golpe es devastador: casi seis de cada diez personas desempleadas están en exclusión, y en hogares cuyo sustentador está en paro, más del 80% sufre exclusión y más de la mitad, exclusión severa.
Lo que dicen los datos del IX informe Foessa
- La exclusión social continúa muy por encima de los niveles previos a la crisis de 2008 -un 52% más alta que en 2007-. La desigualdad, la inestabilidad en el empleo y la dificultad para acceder a una vivienda están erosionando la cohesión social y minando la confianza en el futuro colectivo.
- España vive un proceso sin precedentes de fractura social, en el que la clase media se reduce y cada vez más familias descienden a estratos económicos inferiores. Después de dos décadas marcadas por crisis sucesivas, las etapas de recuperación no han logrado revertir esa tendencia, situando al país entre los que presentan mayores índices de desigualdad en Europa.
- Hoy, el lugar donde se nace y las condiciones del hogar de origen pesan más que el esfuerzo individual, marcando las oportunidades de movilidad social más que el mérito o la capacidad. Además, la educación obligatoria ha dejado de ser suficiente para evitar la pobreza. El verdadero “cortafuegos” frente a la exclusión se sitúa ahora en los estudios postobligatorios -Bachillerato y Formación Profesional-, lo que aumenta la vulnerabilidad de quienes no logran completarlos.
- La precariedad laboral es la nueva norma: afecta al 47,5% de la población activa (11,5 millones de personas), entre parcialidad involuntaria, subempleo u ocupaciones sin protección. Es especialmente intensa en trabajos elementales y en servicios de restauración y cuidados.
- El empleo en España muestra una fuerte polarización: conviven puestos de alta cualificación con otros de baja calidad y escasa protección. La inestabilidad contractual, la parcialidad y la baja remuneración impiden consolidar proyectos personales y familiares. Si no se acomete una reforma estructural, el trabajo dejará de ser un verdadero motor de inclusió
- Menos temporalidad no equivale a más estabilidad. La conversión a “indefinidos” no siempre garantiza estabilidad real. La reforma de 2022 redujo la temporalidad, pero buena parte de las conversiones solo mejoran el indicador: persisten la intermitencia, las pocas horas, los salarios bajos y la falta de recorrido -incluidos los fijos discontinuos-. Para que el “indefinido” sea estable de verdad, hacen falta horas suficientes y previsibles, salarios dignos, formación y acompañamiento.
- Los contratos a tiempo parcial cronifican los bajos ingresos: En la mitad de los casos son involuntarios; al año se cobra solo entre el 35% y el 45% de un sueldo a jornada completa y, además, cada hora se paga un 29% menos. La penalización es mayor en las mujeres, lo que dificulta superar las situaciones de inestabilidad y exclusión laboral.
- La vivienda se ha convertido en uno de los principales focos de exclusión social. Uno de cada cuatro hogares afronta dificultades para acceder a una casa adecuada o vive en condiciones inseguras o insalubres, y en la última década 1,7 millones de personas han perdido su hogar. .
Sin trabajo la exclusión se acelera: estos son los grupos sociales más afectados
Aunque los datos de desempleo muestran una ligera mejoría, esta evolución convive con la expansión de empleos que no ofrecen suficientes garantías. Por ello, trabajar ya no siempre asegura salir de la exclusión social. Desde la Fundación Adecco hablamos de “empleos poco sostenibles”: trabajos que facilitan una inserción inicial, pero que no ofrecen las condiciones necesarias para la autonomía económica, la estabilidad ni la inclusión duradera. La respuesta pasa, por tanto, por mejorar la calidad del empleo, acompañando de forma personalizada a quienes afrontan más barreras y también ofreciendo a las empresas un marco institucional que les ayude a generar empleo sostenible.
Hay que tener en cuenta que la ausencia de empleo o inestabilidad laboral acelera y agrava la exclusión. El IX Informe FOESSA identifica a los grupos sociales que la experimentan en mayor medida, y para los que el empleo digno y el acompañamiento adecuado pueden marcar una diferencia real.
- Mujeres (especialmente al frente de familias monoparentales). Más exposición a la inestabilidad laboral y a la parcialidad involuntaria, con la sobrecarga de cuidados que limita la búsqueda y la permanencia en el empleo. Casi la mitad de los hogares en exclusión severa (42%) están encabezados por mujeres, un porcentaje que ha crecido más de 15 puntos desde 2007. En el caso de las familias monoparentales, la situación es aún más preocupante: la exclusión se ha casi triplicado, pasando del 12% al 29% en ese mismo periodo.
- Personas nacidas fuera de España. Mayor concentración en sectores estacionales y peor remunerados (cuidados, doméstico, hostelería, agricultura), con barreras añadidas administrativas y de acceso a derechos.
- Jóvenes. Entrada al mercado con salarios bajos, contratos inestables y “efecto cicatriz” que retrasa la autonomía y cronifica la vulnerabilidad. El “efecto cicatriz” es la penalización duradera que sufren quienes entran al mercado laboral en plena crisis: empiezan con salarios más bajos, más probabilidad de contratos inestables y menos oportunidades de formación y promoción, y esa desventaja persiste años aunque la economía mejore.
- Personas desempleadas de larga duración. La ausencia de ingresos y cotización dispara la pobreza y/o exclusión, dificultando volver a empleos de calidad.
- Personas trabajadoras en empleos de baja calidad. Aun con contrato, la rotación, las horas insuficientes y los salarios bajos impiden salir de la pobreza laboral.
- Personas con menor nivel educativo. No completar estudios postobligatorios multiplica el riesgo y reduce las alternativas de inclusión laboral.
- Personas con discapacidad y/o problemas de salud mental. Necesitan apoyos específicos para acceder y sostener un empleo estable. Participan más en programas de inclusión -buscan apoyo- pero sostienen menos la búsqueda intensiva, por falta de acompañamiento integral, formación flexible y apoyos en el puesto.
- Comunidad gitana. Acumula barreras estructurales que requieren una estrategia integral con el empleo digno como eje.
Qué puede funcionar para avanzar hacia empleos sostenibles
Para hacer frente a esta realidad, el informe FOESSA presenta varias líneas de actuación:
Dignificar sectores esenciales
Cuidados, hostelería, servicios personales: revisar salarios, reducir rotación, asegurar cotización, profesionalizar y acreditar competencias. Esto impacta especialmente en mujeres y migrantes.
Atajar la parcialidad involuntaria
Incentivos y regulación para convertir horas, cláusulas de preferencia por jornada completa, y vigilancia de la brecha de salario/hora.
Transición justa y digitalización con derechos
Formación en competencias verdes y digitales, reciclaje profesional en regiones en reconversión (donde ciertos sectores económicos están en declive o transformación, para que puedan adaptarse a nuevas actividades y no quedarse fuera del mercado de trabajo) y apoyos a hogares vulnerables para que nadie se quede atrás.
Itinerarios integrales con acompañamiento
Orientación individualizada, apoyo psicológico, conciliación y cuidados, protección a las personas con discapacidad y/o problemas de salud mental, así como empleo protegido para casos de mayor fragilidad.
Jóvenes: cortar la cicatriz
Prácticas remuneradas, primer empleo de calidad con tutoría, FP dual y ayudas a la emancipación (vivienda asequible), para que el salto al trabajo no sea una caída al vacío.
Igualdad efectiva en casa y en el trabajo
Corresponsabilidad real: permisos igualitarios e intransferibles bien remunerados, red pública de 0 a 3 años, y evaluación de impacto de género en todas las políticas de empleo.
Apoyos sociales y de salud mental
Ayudas de conciliación, transporte, cuidado de menores y atención psicológica para sostener el proceso de búsqueda de empleo, especialmente en los casos de las personas que afrontan situaciones de mayor vulnerabilidad.
Coordinación estable
Entre servicios sociales, empleo y entidades del barrio: todos remando en la misma dirección. Sin ese “andamiaje” conjunto, la capacitación aislada rara vez acaba en empleo estable: faltan red, experiencia, tiempo y apoyos para mantener una búsqueda activa de empleo continuada.
A estas medidas expuestas por FOESSA, la Fundación Adecco añade:
Fortalecer a las empresas para generar salarios dignos
Las empresas necesitan un marco institucional que impulse su competitividad y les permita crear empleo de calidad con salarios dignos. Fortalecer a las empresas mediante incentivos e instrumentos adecuados, como ajustes en las cotizaciones sociales, es esencial para equilibrar sostenibilidad económica y cohesión social y garantizar que los salarios dignos sean viables y duraderos.
“El empleo sigue siendo la herramienta por excelencia de inclusión social, pero solo si es digno, formal y sostenible. En otras palabras, no basta con crear puestos de trabajo: es necesario que cada empleo permita vivir con dignidad, desarrollar un proyecto vital y participar plenamente en la sociedad. Para lograrlo, necesitamos una acción coordinada entre todos los agentes sociales, con políticas activas de empleo centradas en las personas, que ofrezcan orientación individualizada, formación continua, apoyo psicológico y acompañamiento integral.
Las empresas son el espacio donde la inclusión se hace realidad, pero requieren un marco institucional que impulse su competitividad y les permita generar empleo de calidad. Fortalecer a las empresas, con incentivos e instrumentos adecuados, es también una forma de proteger a los trabajadores. En este sentido, medidas como la reducción de las cotizaciones sociales, especialmente para la contratación de personas con mayores dificultades, pueden ser clave para equilibrar la sostenibilidad empresarial con la cohesión social y avanzar hacia salarios dignos y sostenibles en el tiempo. En este proceso, las entidades sociales y del tercer sector tenemos una labor imprescindible: acompañar de cerca a quienes más lo necesitan y actuar como puente entre personas, empresas y administraciones para construir juntos un modelo de inclusión verdaderamente efectivo», señala Francisco Mesonero, director general de la Fundación Adecco.