fbpx

Ahora y en el futuro luchamos contra las etiquetas


3 de diciembre – Día Internacional de las Personas con Discapacidad

La digitalización, la robotización y la inteligencia artificial han revolucionado la realidad que vivíamos en el año 2018. El mundo ha cambiado 32 años después. El avance de las tecnologías ha sido intensivo sin tener en cuenta uno de los mayores retos: la desigualdad y exclusión social.
Los sesgos inconscientes y los prejuicios se han integrado en la tecnología y son las propias máquinas las que hacen que las personas con discapacidad sean discriminadas en el mercado laboral.

Si miramos hoy al futuro, las tecnologías es lo primero en lo que cualquiera pensamos. Los algoritmos y la digitalización están por todas partes. Sin embargo, la revolución tecnológica avanza muy rápido mientras crecen los retos sociales y la desigualdad no disminuye. La tecnología es muy importante para el progreso siempre que integre valores fundamentales que respondan de manera universal a las necesidades de las personas, no de algunas, de todas las personas. Este es el gran reto de la tecnología, ser una tecnología inclusiva que no marque las diferencias ni acreciente la desigualdad.

Hoy queremos generar un debate y una reflexión para que el futuro que hoy estamos diseñando sea un futuro que tenga en cuenta a las personas con discapacidad.

Los sesgos inconscientes, las famosas “bias”, son necesarios para la supervivencia del ser humano, pero pueden llegar a convertirse en el gran enemigo de la diversidad. Trampas mentales integradas en todas nuestras decisiones, trampas que condicionan cada proceso y que a día de hoy forman parte de los algoritmos de nuestro futuro.

De todo esto habla nuestra campaña, habla de tecnología, de talento de inclusión, pero sobre todo habla de justicia social.

Empresas comprometidas


Carta a los ciudadanos del futuro


Pablo Pineda escribe una carta abierta a los ciudadanos de 2049

Queridos ciudadanos del futuro:

Os escribo desde el año 2018. Soy Pablo Pineda y tengo síndrome de Down. Es posible que ya no sepáis qué es y, sinceramente, es algo que me entristece pensarlo. Me siento orgulloso de quien soy y puedo decir que he sido una persona feliz. Les aseguro que hoy, en su pasado, mi presente, entre aquellos que se definen como “normales”, no es tan fácil encontrar personas que de manera tan rotunda y categórica hagan esta afirmación.

Nací en 1974 en una España que luchaba por la libertad y la alcanzamos con el esfuerzo de todos. En aquel momento las personas con discapacidad teníamos un largo recorrido que hacer. Tuve el honor de ser el primer europeo con síndrome de Down en estudiar una carrera universitaria y he dedicado gran parte de mi vida a defender los derechos de las personas con discapacidad. Con cierta humildad y con la responsabilidad que implica, me atrevería a decir que he sido revolucionario en mi tiempo.

Sin embargo, con la madurez y la perspectiva que me dan mis 44 años, siento la necesidad de lanzar un mensaje al futuro.

He visto nacer internet, avanzar las tecnologías de la información y las telecomunicaciones, las redes sociales, el big data y la inteligencia artificial, la tecnología aplicada a todos los ámbitos de nuestras vidas, y a otros muchos que no soy capaz ni siquiera de imaginar. Dicen que esto es el futuro, que las nuevas tecnologías representan el progreso y el desarrollo.

Si todavía existe Wikipedia verán que soy maestro de formación, pero sobre todo soy maestro de corazón y de convicción. Creo que la educación y los valores de la sociedad asientan cualquier progreso, ya que éstos, residen principalmente en las personas y fortalecen la democracia, la igualdad y la inclusión. Hemos perdido el foco. No podemos confiar el futuro a las tecnologías pues son las personas, su educación y valores, los que realmente deben representar nuestro futuro. Son compatibles, pero reitero, no perdamos el foco.

Creo que no viviré suficiente tiempo para ver cumplida la misión de mi vida con plenitud, pero sé que cada minuto ha valido la pena. Mis padres apostaron por mi formación y sé que sólo conseguiremos que las personas con discapacidad seamos ciudadanos de pleno derecho cuando podamos acceder a la educación y formación en igualdad de condiciones. Creo que el futuro hay que construirlo apostando por el sistema educativo como base de todo y trabajando por asentar valores universales que representen a todos los ciudadanos y que nacen en la familia.

El futuro no va de bits, sino de pulsaciones.

Pablo Pineda Ferrer