Con la llegada de las vacaciones, aumentan las horas de tiempo libre y, con ellas, también el tiempo que dedicamos a las pantallas. Teléfonos móviles, videojuegos, redes sociales, plataformas de vídeo o contenidos digitales forman parte del día a día de niños, niñas y jóvenes, especialmente durante los meses de verano.
Ante esta realidad, es frecuente que surjan preguntas y preocupaciones en las familias: ¿cuánto tiempo de pantalla es adecuado?, ¿cómo evitar un uso excesivo?, ¿pueden las pantallas tener un valor educativo o de desarrollo personal?
La respuesta no suele estar en prohibir o permitir sin límites, sino en encontrar un equilibrio. La tecnología puede convertirse tanto en una fuente de aprendizaje como en un elemento que absorba gran parte del tiempo disponible. La clave está en cómo se utiliza.
Cuando hablamos del uso de pantallas tendemos a considerar todas las actividades digitales como si fueran iguales. Sin embargo, no es lo mismo pasar una hora viendo contenidos de manera pasiva que dedicar ese mismo tiempo a aprender programación, diseñar un proyecto creativo, investigar sobre un tema de interés o desarrollar una nueva habilidad.
Las personas con Altas Capacidades Intelectuales suelen mostrar una gran curiosidad y una intensa motivación hacia determinados temas. En muchos casos, internet puede convertirse en una herramienta extraordinaria para profundizar en sus intereses, acceder a conocimientos avanzados o conectar con comunidades que comparten sus inquietudes.
Por ello, más que centrarnos únicamente en la cantidad de tiempo frente a la pantalla, resulta útil prestar atención a la calidad de las actividades que se realizan.
El verano ofrece oportunidades difíciles de encontrar durante el resto del año: actividades al aire libre, experiencias familiares, deporte, lectura, viajes, encuentros con amistades o simplemente tiempo para descansar y desconectar.
Estas experiencias favorecen el desarrollo de habilidades sociales, la creatividad, la autonomía y el bienestar emocional, competencias tan importantes como cualquier aprendizaje académico.
Establecer rutinas flexibles, acordar momentos libres de dispositivos, promover actividades alternativas y conversar sobre el uso responsable de la tecnología son algunas estrategias que pueden ayudar durante el periodo vacacional.
También es recomendable fomentar una actitud activa frente a las pantallas. Crear, investigar, aprender o desarrollar proyectos personales suele aportar más valor que un consumo exclusivamente pasivo de contenidos.
Asimismo, las personas jóvenes pueden beneficiarse de participar en la gestión de su propio tiempo digital, reflexionando sobre cómo utilizan la tecnología y cuál es el impacto que tiene en su bienestar, descanso y relaciones personales.
Las pantallas forman parte de nuestra realidad y seguirán teniendo un papel relevante en los ámbitos académico, profesional y social. Por ello, aprender a utilizarlas de forma consciente y equilibrada es una competencia cada vez más importante.
Porque, al igual que ocurre con cualquier otra herramienta, el verdadero valor de la tecnología no depende del tiempo que pasamos frente a ella, sino del uso que hacemos de ella.
El verano trae consigo descanso, escasez de rutinas y más tiempo libre para peques y adolescentes. En el caso de aquellos con Altas Capacidades, este período puede suponer un reto adicional: el paso de una estructura diaria organizada (colegio, actividades) a la mayor flexibilidad de las vacaciones, puede poner en jaque su necesidad de estimulación, su elevada curiosidad y, en ocasiones, su baja tolerancia al aburrimiento.
Vivimos en un mundo tecnológico en el que todos/as utilizamos dispositivos electrónicos a diario, tanto en el ámbito laboral como en el ocio. Las pantallas pueden ser una herramienta muy valiosa para el aprendizaje, la creatividad y la conexión social. Sin embargo, sin acompañamiento y límites, también pueden derivar en sobreestimulación, aislamiento o dificultades en la regulación emocional.
Además, sabemos que, en el día a día, especialmente en verano, puede resultar tentador recurrir a las pantallas como una forma rápida de calmar, entretener o “ganar tiempo”. En momentos de cansancio o sobrecarga familiar, los dispositivos parecen una solución sencilla. Sin embargo, si se convierte en una estrategia principal para gestionar el aburrimiento o las emociones, pueden dificultar el desarrollo de la autorregulación y aumentar la dependencia a este tipo de estímulos.
Para favorecer el uso saludable y consciente, os proponemos algunas pautas prácticas:
1. Establecer una estructura flexible: definir momentos concretos para el uso de dispositivos ayuda a dar seguridad y previsibilidad. Aunque sea verano, es importante evitar el uso ilimitado.
2. Establecer normas claras y coherentes: acordar reglas sencillas sobre cuándo, cuánto y dónde se usan las pantallas reducen conflictos y negociaciones constantes. La consistencia es clave.
3. Contenido pasivo vs activo: diferenciar entre ver videos, jugar (pasivo) de crear, investigar, programar (activo). Se recomienda priorizar el contenido activo y, cuando se consuma de panera pasiva, optar por formatos más largos y menos fragmentados (evitando el contenido vertical rápido).
4. Ofrecer alternativas realmente estimulantes: reducir pantallas sin alternativas suele generar conflicto. Es importante ofrecer opciones alternativas: retos intelectuales, actividades de piscina o playa, tiempo de calidad familiar y lecturas ajustadas a su nivel. La clave está en que estas alternativas resulten verdaderamente interesantes.
5. Acompañar, no solo supervisar: compartir y conversar sobre el contenido que consumen favorece el pensamiento crítico y evita el aislamiento. Interesarnos por lo que ven es fundamental.
6. Cuidar la autorregulación: las pantallas pueden generar sobreestimulación o dificultar el descanso. Se recomienda: evitar su uso al menos treinta minutos antes de dormir, observar señales de saturación o uso excesivo, promover alternativas de regulación (descanso, movimiento y expresión emocional).
7. Priorizar la experiencia fuera de las pantallas: es esencial garantizar actividad física diaria, juego libre (aunque implique aburrimiento), contacto con la naturaleza e interacción social presencial. El aburrimiento moderado no es negativo, puede ser una oportunidad para fomentar la creatividad y la iniciativa.
8. Ser modelo de uso: los niños y adolescentes aprenden más de lo que ven que de lo que se les dice.
Revisar nuestro propio uso de pantallas es una de las herramientas más eficaces.
¿Cuáles podrían ser las señales de alerta frente al uso de dispositivos?
• Irritabilidad intensa al limitar las pantallas.
• Aislamiento social progresivo o acercamiento solo a través de las redes sociales.
• Pérdida del interés por otras actividades.
• Uso como única fuente de bienestar.
El verano no es solo un tiempo de descanso, sino también una oportunidad de aprender a gestionar el tiempo, el aburrimiento y la relación con la tecnología. El objetivo no es solo limitar el uso de pantallas, sino acompañar a niños/as y adolescentes para que desarrollen una relación autónoma, crítica y equilibrada con ellas.
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